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7/29/2016

La parafernalia de la paz


Santiago Villarreal Cuéllar

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre, dice un viejo dicho español. O como dirían nuestros antiguos campesinos: son más los gritos que las mazorcas. Exagerada expectativa despierta el gobierno nacional y los dirigentes políticos que recibirán millonarias partidas de dinero para comenzar a hacer la campaña en favor del sí, en el plebiscito por la paz. También la extrema derecha en cabeza de su líder el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, en dramáticas escenas de resentimiento invitó a izar banderas negras para expresar su inconformidad con los acuerdos, como premonición al desmoronamiento de su campaña guerrerista. Los colombianos debemos ser conscientes que los acuerdos firmados con las farc y el gobierno, que serán refrendados por el pueblo, no son ni mucho menos la paz definitiva al conflicto armado que desangra a Colombia desde hace seis décadas. No es que sea pesimista, ni ave de mal agüero, porque he sido partidario de los diálogos y la negociación desde hace muchos años. Pero también he dicho que no basta negociar y desarmar un grupo guerrillero sino se hacen profundas reformas estructurales que cambien la sociedad colombiana. Sobre todo esa que engrosa grandes cinturones de miseria. Esa población mayoritaria que vive de la economía informal, o que sobrevive del empleo chatarra, el subempleo, y que se alimenta con harinas porque sus ingresos no alcanzan para comprar alimentos que contengan proteínas (carnes y huevos) y vitaminas (frutas).

Una paz sin reformar el nefasto y criminal sistema de salud que garantice la universalidad, gratuidad, calidad y sea previsiva, no puede perdurar por mucho tiempo. Una paz donde el sistema de justicia es inoperante y corrupto no tiene un futuro promisorio. Una paz donde la educación no es gratuita, de calidad e integral hasta la universidad, no podrá vislumbrarse a largo plazo. Una paz donde la corrupción continúe en aumento y los recursos del erario público se desvíen para enriquecer unos pocos, pronto sucumbirá. Una paz que solo beneficia a los dos mil trescientos dueños del 53% de las tierras aprovechables y a los 2.681 propietarios de los depósitos bancarios más grandes del país, no será más que una llamarada de hojas secas.

Para rematar diremos que mientras no se dialogue con el grupo guerrillero eln, será una paz parcial. Y lo más importante: al salir el presidente Santos, ¿quién garantizará que esta paz no se rompa? No serán los precandidatos de la extrema derecha, Germán Vargas Lleras, el del ‘uribismo,’ o Alejandro Ordoñez quienes respeten los acuerdos. No obstante, me sumo a los votantes del sí.   

            

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