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5/17/2016

Prácticas de brujería con animales


Santiago Villarreal Cuéllar

Gatos negros maullando, esperando ser víctimas de un rito satánico donde perderán la vida; en vano tratan de zafarse las ligaduras que atan sus extremidades pero no logran el objetivo; presienten, olfatean, intuyen la muerte; su instinto de supervivencia los obliga a forcejear para tratar de conservar su vida. Los animales aman la vida, más que los humanos. Varios murciélagos revoletean en el interior de una enorme tinaja; también esperan su sacrificio para cumplir con ritos de hechicería; estas aves mamíferas, rechazadas por muchas personas por su desagradable imagen son apetecidas por algunas brujas que las utilizan para sus filtros de magia negra. Enormes sapos, o quizá hembras porque en esta especie reptil el género femenino es de mayor tamaño que sus congéneres machos, esperan con sus brotados ojos en el interior de una olla de barro cocido para ser utilizados en ceremonias de brujería. Gallinas negras, serpientes verdes, palomos negros, gorriones, gusanos y muchos otros animales inocentes son utilizados en diferentes regiones latinoamericanas por brujas que practican sus ceremonias demoniacas utilizando el espíritu elemental de estos seres.

La tradición viene de los ancestros Orisha, cuya divinidad permite el culto con espíritus de animales. Para esta cultura animista todos los animales poseen espíritus y estos tienen una virtud en particular. Los afro-descendientes llegados a este continente como mercancías humanas, obligados por los blancos, traían en su cerebro sus tradiciones culturales y religiosas. En las nuevas tierras los consideraron animales y no como humanos, pero sus amos no se percataron que estas personas continuaron secretamente sus prácticas religiosas politeístas. Muchas brujas criollas aprovecharon estas tradiciones yorubas para complementar sus ritos de hechicería. De allí se derivó esa corriente de ritos satánicos utilizando muchas especies animales para sus ceremonias y filtros mágicos.

Los gatos son cocidos vivos; a los murciélagos les cosen sus ojos y finalmente mueren; a los sapos les cosen la boca y estos reptiles terminan su vida cruelmente. Así rezan las leyendas relacionadas con la brujería zoológica  


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