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5/13/2016

Erradicar los cultivos ilícitos


Santiago Villarreal Cuéllar

Por las calles de Puerto Asís, La Hormiga, Orito, Puerto Guzmán, y otros municipios del bajo Putumayo, reparten panfletos invitando a la población campesina a no sembrar más coca. Dicen que los autores de estos papeles son miembros de las farc. La “campaña” anuncia que al entrar en vigencia los acuerdos de negociación y paz celebrados en la Habana entre esta guerrilla y el gobierno, estas zonas deben estar libres de cultivos ilícitos. Ignoramos si los miles de panfletos son costeados con dinero del presupuesto nacional o corren por cuenta de las farc. Nadie por supuesto pregunta porque ello incomodará los guerrilleros que todavía andan armados por pueblos y veredas de esta extensa, rica y hermosa región amazónica. Suena paradójico que este grupo alzado en armas que financió parte de su guerra con dineros provenientes del cultivo de esta noble planta, ahora inicie una “cruzada” para erradicarla. Seguramente dentro de los acuerdos de paz se negocia la ayuda de esta guerrilla para tratar de extirpar la planta que da de comer a millones de personas, no solo en los países como el nuestro donde se produce, sino en los demás donde se vende el clorhidrato de cocaína con fines  “recreativos.”

Creemos que no están dadas las condiciones para comenzar a disuadir a los campesinos para que no cultiven más la planta, porque no existe un programa de sustitución de cultivos que garantice a las cientos de miles de familias que devengan su sustento de este negocio para obtener otros ingresos, que deberán ser más rentables y no inferiores a los provenientes de este. Esta “campaña” de por sí violenta, porque seguramente en las zonas rurales debe ser armada e intimidatoria, solo originará otro éxodo masivo de campesinos, que no es otra cosa que un desplazamiento forzado para otros lugares del país. No entendemos la política de las farc, que hasta hace unos años incentivaba la siembra de coca, ahora pretenda con el gobierno su erradicación, sin ninguna garantía para la seguridad alimentaria y la supervivencia del campesinado.


Por otra parte, el gobierno colombiano, tímidamente adelanta otra campaña en el exterior para convencer a los gobiernos del fracaso de la lucha contra las drogas ilícitas. En pocas palabras, pide a gritos cambiar el modelo represivo por otro legalista, es decir, permitir el libre comercio de estos alucinógenos. No entendemos estas dos posiciones antagónicas. No hay coherencia entre el discurso externo y la represión interna. De lo que sí estamos seguros es que nadie sobre la faz de la tierra, ni siquiera las farc podrán acabar con los cultivos ilícitos.        

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