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5/05/2016

La agonía del régimen venezolano




Santiago Villarreal Cuéllar

Filas interminables de gente abanicando sus rostros con periódicos; niños bostezando mientras cuidan el turno de la fila a sus mayores; mujeres cansadas observando con ojos tristes las puertas próximas del autoservicio. Desde altas horas de la madrugada hasta el anochecer, Caracas, Maracaibo y demás ciudades venezolanas vive el drama de escases de productos de primera necesidad lo mismo que la falta de medicamentos. Nunca antes en su historia, Venezuela había atravesado una crisis tan profunda como ahora. Quizá la más reciente se vivió después del caracazo, cuando el presidente Carlos Andrés Pérez suprimió por decreto los subsidios de los productos alimenticios, electricidad y acueducto, obedeciendo las recetas del Fondo Monetario Internacional e introduciendo el modelo económico neo-liberal.  En esa oportunidad la inflación se disparó de un día para otro en más de mil por ciento; cayó dramáticamente el poder adquisitivo de los más pobres y aunque los autoservicios estaban abarrotados de alimentos, el salario no alcanzaba para comprar lo esencial. Ahora sucede lo contrario, el venezolano camina con sus bolsillos repletos de dinero, pero no hay alimentos para comprar. Lo ocurrido después del caracazo dio al traste con la hegemonía bipartidista de la derecha que gobernó ese país después del pacto de Punto Fijo. Sin embargo, la caída del régimen solo ocurrió diez años después, cuando el presidente Hugo Chávez llegó al poder. Durante sus 14 años de gobierno, Venezuela ingresó a una década de prosperidad económica, cambió radicalmente la vida de los venezolanos más pobres, surgió una clase media muy prospera, mejoró la calidad de vida de toda la sociedad, bajó el desempleo a cifras inferiores al 6% y la inflación al 8%.

La muerte de Chávez cambió dramáticamente las condiciones políticas y sociales del país. La llegada del presidente Maduro trajo consigo una serie de desaciertos en materia económica, sumándose a la catástrofe la caída vertiginosa de los precios del petróleo, fuente primaria de los ingresos económicos de la nación. La derecha aprovechó la crisis para crecer electoralmente, aunque permanece huérfana de un programa claro que indique el rumbo del futuro del país, y sin un líder fuerte que pueda llegar a unificar una sociedad polarizada y fragmentada.


Actualmente el régimen ha llegado a un callejón sin salida, pero me temo que al igual que en el pasado, no se vislumbra una salida a corto plazo. Maduro sabe que no podrá maniobrar por mucho rato, pero la derecha que domina las mayorías en la asamblea nacional tiene menos posibilidades de manejar la situación. Cuando un régimen agoniza, el sufrimiento del pueblo se hace más doloroso.                  

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