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5/18/2016

¿Hacer la paz sin Uribe?


Santiago Villarreal Cuéllar

“Convocamos a la resistencia civil,” dijo el ex presidente Álvaro Uribe; “acuerdo especial para blindar los acuerdos de paz con la farc es un golpe de estado,” dice textualmente un comunicado del Centro Democrático. La respuesta del gobierno, de su ministro del interior, y los senadores de la unidad nacional no se hicieron esperar. Pero en lugar de calmar los ánimos, llamar a la calma, la mesura y  decencia, estos defensores del régimen, más  que del proceso de paz, contestaron con una huracanada de improperios. El presidente de la república también pretende apagar la encendida hoguera  ‘uribista’ esparciendo chorros de explosivo combustible que puede originar un incendio de inimaginables proporciones. En vísperas de celebrar la firma de los primeros acuerdos de paz, el gobierno y su sequito de seguidores, y quienes apoyamos y creemos en estos diálogos, debemos buscar una verdadera unidad nacional; no la de los congresistas que en su mayoría apoyan el proceso de paz, no por convicciones, sino por conveniencia personal y electorera. Para blindar su unidad política el presidente repartió ministerios, contratos y burocracia a todos los partidos, incluidos los verdes y la izquierda. El Centro Democrático quedó asumiendo la verdadera oposición en una página histórica que ha polarizado la nación frente a las negociaciones de la Habana. Polarización paralela a la que vive hoy nuestra hermana y vecina Venezuela; solo que allá gira alrededor del régimen de Maduro por mantenerse en el poder y la oposición por sacarlo; aquí está en juego nada menos que los cimientos para entrar en una etapa de paz y terminar así sesenta años de guerra interna.


El gobierno y su sequito de escuderos no deben olvidar que Uribe representa casi siete millones de colombianos. Así quedó demostrado en las elecciones del 2014. Es posible que haya disminuido ese caudal, o en el mejor de los casos ha crecido. No pueden seguir respondiendo a los incendiarios llamados del ex presiente a la resistencia civil con el rayado discurso de que es enemigo de la paz. Necesariamente hay que integrar al ex presidente y sus seguidores a la llamada unidad nacional; no comprándolo con burocracia, sino buscando el entendimiento para impedir que torpedee el proceso que se encuentra en su etapa culminante. Creo que el gobierno no puede lograr este proceso de paz sin la ayuda de Uribe.  Si el jefe de estado no puede invitar al ex mandatario a dialogar debe haber un interlocutor que facilite ese encuentro. La Iglesia Católica podría ser el puente para lograr el acercamiento, porque la paz sin Uribe no es posible.            

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