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5/31/2015

Brujas y brujos


Santiago Villarreal Cuéllar

Durante la Edad Media, muchas mujeres, generalmente viudas o solteronas, se dedicaron a preparar remedios caseros para tratar enfermos en diferentes zonas de Europa. La medicina era ejercida por un puñado de hombres que estudiaban en las pocas universidades del viejo continente. La gran mayoría de tratamientos médicos estaba en manos de sacerdotes y monjes católicos, cuyas patologías consistían en diagnosticar maleficios o enfermedades llamadas espirituales. Así también el tratamiento consistía en rezos, oraciones y exorcismos. Cientos de miles de demonios y espíritus tenebrosos fueron expulsados de los cuerpos de otro tanto de mortales. La medicina era entonces monopolio de la Iglesia Católica y cualquier mortal que pretendiera competir, tenía que enfrentar ese imperio. El peligro era mayor si quien pretendiera hacer competencia al lucrativo negocio era una mujer. Este género estaba equiparado en aquella época en igualdad de condiciones con los  animales.  Claro está que en algunas sociedades del medio y lejano oriente, la mujer continúa siendo algo similar, con la diferencia que ya no es el cristianismo el responsable de esta discriminación, sino otras doctrinas religiosas. Parece que algunos dioses continúan siendo tan machistas como el dios cristiano de la edad media, seguramente debido a su soltería.

Era preciso prohibir a estas mujeres ejercer prácticas médicas, destinadas exclusivamente a los hombres, y en particular a los clérigos. Fueron tildadas de brujas y hechiceras. Al principio se les ahuyentó de sus lugares, desterrándolas para otros más lejanos. Pero al crearse la santa inquisición, el delito pasó a mayores y se estableció la pena de muerte para estas brujas. Pero no cualquier muerte, era necesario quemárlas vivas en las plazas de los pueblos donde eran sorprendidas ejerciendo tan abominables prácticas. No se tienen estadísticas de la cantidad de mujeres calificadas de brujas que fueron víctimas de las llamas por el delito de ejercer medicina casera, generalmente para ganar unos cuantos peniques y sobrevivir. Curiosamente no se tiene noticias sobre brujos hombres, y pasaron varios siglos para que el género masculino ejerciera esta práctica.     

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