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11/04/2014

Dios y dioses


Santiago Villarreal Cuéllar

Desde los albores de la antigüedad cuando el hombre todavía caminaba encorvado, vislumbró en su limitado cerebro, asombrado ante las maravillas de la naturaleza la idea de seres extrasensoriales, abstractos, más allá de la materia; seres etéreos, seres gaseosos, seres de otros mundos, o quizá de aquí mismo. Con el correr de los años, la evolución cerebral, el razonar y el filosofar, el humano creó la mágica palabra: Dios. Pero no era solo uno, eran varios, muchos dioses. Cada elemento vivo poseía un dios, un espíritu, un ser elemental de una cuarta dimensión como se interpretaría millones de años después por la masonería oculta. Así evolucionó el ser humano hasta la llegada de la civilización hindú, hiperbórea, druida, celta, caldea, china, griega, romana y egipcia en oriente y occidente; pero aquí en lo que conocemos hoy como América, las civilizaciones Azteca, Maya, Chibcha, Inca y Mapuche, también poseían una legión de dioses y diosas. Porque una de las particularidades de estas primeras civilizaciones fue colocar al género femenino en el mismo pedestal del masculino. Dioses masculinos y diosas femeninas. Hasta entonces predominaron las religiones politeístas. Así trascurrieron miles de años hasta la llegada del judaísmo, hace cinco mil años. Irrumpe Jehová, el dios creador del hombre; bastó un soplo sobre un trozo de barro para que Adán se formara como el primer hombre, para los judíos claro está, y posteriormente los cristianos. Y de la costilla de Adán salió Eva, la mujer, la pecadora, la que hizo caer al hombre; nace el machismo. La mujer por ser una parte de la carne del hombre es inferior a él según los preceptos bíblicos. El hombre no debía estar solo, pensó Jehová, ese dios masculino, machista, guerrero y vengador, creó la mujer para que acompañara al hombre; algo así como una mascota para el pobre hombre solitario. Pero Jehová es el sincretismo de Wotan, el dios de los druidas y celtas. Un dios guerrero, vengador, destructor de naciones.

Hace dos mil años irrumpió al escenario Jesús, el cristo, el redentor, el mismo dios según el nuevo testamento, pero personificado en cuerpo masculino, continuando el legado machista judaico. Hace mil seiscientos años nació el islamismo, cuando Mahoma recibió la revelación del Corán, con Alá como único dios; masculino, machista, vengador y guerrerista. Con estos tres credos religiosos se formó la doctrina monoteísta, para distinguir las religiones que creen en un solo dios. Sin embargo, la semilla de los cultos politeístas continúa subsistiendo en distintas regiones del mundo; no solo subsisten sino que comienzan a despertar del viejo sueño monoteísta.              

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