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3/04/2017

Cuando los evangélicos queman sus feligreses


Santiago Villarreal Cuéllar

La quema de brujas en la hoguera durante la Edad Media, previamente juzgadas y sentenciadas por la Santa Inquisición, creada por la Iglesia Católica Apostólica y Romana, constituyó el peor error de la historia. Eso sin sumar los horrendos crímenes ordenados por papas, cardenales, obispos, sacerdotes y creyentes que fácilmente se olvidan, pero que están allí, en las páginas de la historia. Todas estas bellaquerías han sido cometidas por predicadores y seguidores del hombre que exaltó la vida como la máxima expresión de la divinidad. Por quien dijo: “no matarás,” y cuya predica fue recopilada en los libros conocidos como los evangelios.

Los protestantes llamados “evangélicos,” “creyentes,” o convertidos, gustan de contar estas historias para mostrar que sus iglesias son sanas y que en las suyas no cometen esta clase de crímenes. Sin embargo, cuando se trata de humanos todo puede suceder.

El pasado 15 de febrero de 2017, en una lejana aldea llamada El Cortezal, al norte de Nicaragua, cerca del litoral Caribe, donde tiene ramificaciones la Iglesia Visión Celestial de las Asambleas de Dios, fue llevada la señora Vilma Trujillo, de 25 años de edad, para que oraran por ella y realizaran un rito de sanación, como suelen hacer estos creyentes.

Para el pastor Juan Gregorio Rocha, un joven de apenas 23 años, no cabía ninguna duda: Vilma estaba poseída por el mismísimo demonio y era preciso realizar una ceremonia especial para purificar el espíritu de la pecadora, o impía. Para los militantes de esa secta, cuya fundación tiene sus orígenes en los Estados Unidos, y fue constituida en 1914, quienes no profesamos el evangelio somos impíos. Igual piensan los pentecostales y otros fanáticos que se consideran salvos, y ven al resto de la humanidad como una manada de demonios y pecadores.

Sin pensarlo más, el Reverendo Juan Gregorio Rocha ordenó a sus creyentes encender una hoguera, amarrar la impía, y llevarla hasta la candelada para ungirla con fuego, y así expulsar el peligroso espíritu maligno que la poseía. Pero se le fue la mano a Rocha y su cortejo de alucinados. En medio de la ebriedad producto de la fe y extrema creencia, quemaron tanto el cuerpo de esta infortunada, que decidieron arrojarlo, hecho casi chicharrón, a un barranco en medio de cantos, oraciones y chillidos espantosos de quienes decían estar poseídos por el espíritu santo.

El 80% del cuerpo de Vilma fue presa del fuego, y aunque fue auxiliada por algunos familiares quienes la llevaron a un hospital cercano, su alma se esfumó, llevándose consigo al espíritu maligno del demonio que se negó abandonar su desdichada carne.

Por este crimen, el reverendo Rocha puede pagar 30 años de cárcel, según la legislación penal nicaragüense. Sus cuatro cercanos cómplices, entre ellos dos mujeres, también pueden ser condenados por semejante aberración.

Creíamos que en la era digital, cuando las tecnologías y la ciencia han tenido los más grandes avances en toda la historia de la humanidad, estas locuras estaban superadas. Pero no, el fanatismo religioso, conocido en las ciencias sicológicas como compulsivos a las sectas, continúa vigente. Quizá ha surgido con más crueldad porque esa mescolanza de dioses, sanaciones y demonios, puede originar un fuego infernal donde deben quemarse los impíos.            

  

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