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11/26/2016

Fidel Castro, el último Gran Héroe de Latino-América


Santiago Villarreal Cuéllar

Siempre quise conocer al gran Hombre, a ese líder que acompañado de un puñado de valientes decidió un día iniciar una justa lucha armada para derrocar al tirano Fulgencio Batista, gobierno títere del gobierno norteamericano. En las tres oportunidades que visité Cuba, no logré verlo, no obstante buscar la forma de hacerlo, conocer el Palacio de la Revolución y el Parlamento.

Pero el deseo se cumplió. Cuando residía en Venezuela, fui invitado a la ciudad de Córdoba Argentina a la Primera Gran Cumbre del Mercosur, celebrada el 16 de julio del año 2006, y fue allí, en el gran salón de convenciones de la Universidad de Córdoba, donde a unos cincuenta metros logré ver al comandante. Después, en horas de la noche, me ‘colé’ a una sala donde estaba conversando con Hugo Chávez, el filósofo Enrique Dussel, el sociólogo Álvaro García Lineros, vice-presidente de Bolivia y otras personas que no conocía, todos intelectuales de izquierda. Alguien le preguntó al comandante: ¿cómo se hace una revolución? Y él muy modesta y sinceramente contestó: “No existe una fórmula, yo no la tengo, ni creo que nadie sabe realmente cómo se hace un proceso revolucionario. No existe receta única. Cada pueblo, cada país, debe inventarse la forma de hacer su propia revolución.”

A las diez y veinticinco minutos de la noche del viernes 25 de noviembre de 2016, el último Gran Héroe de Latino-América, falleció. Su obra fue consumada. El legado dejado por este hombre, corpulento, de más de uno con noventa de estatura, espesa barba, mirada penetrante, que en todo momento estaba hablando y moviendo sus manos, su cabeza, su cuerpo, está hecho. Casi no permanecía sentado por mucho tiempo. Tenía una especie de hiperactividad y cargaba muchos libros en su maletín personal.

El Héroe que logró no solo derrocar la dictadura de Batista, sino que resistió con valentía los embates de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, que hicieron hasta lo imposible por derrocarlo, se mantuvo firme, incólume, imbatible, invencible. Pero lo más importante: inspiró a su pueblo a permanecer de pie, con la frente en alto y sirvió de inspiración a otros grandes líderes para realizar los cambios estructurales en sus distintos países.

Quienes hemos estado en Cuba podemos dar testimonio de los grandes avances de la revolución y el legado de Fidel Castro, y no juzgamos o repetimos como la matraca lo que otros dicen. Grandes logros en educación, salud y seguridad alimentaria, gratuita para todos los humanos, incluso para quienes no son cubanos. En las ciudades nunca se ven niños, ni indigentes, ni ancianos viviendo en la calle, o durmiendo en las mismas como es el pan de cada día en el resto de América Latina y los Estados Unidos. Los artistas, deportistas y gente que tiene habilidades artesanales, tiene y un estatus especial, y se dedican a su oficio, subvencionados por el estado, y no se ven obligados a pedir limosna para desarrollar su profesión.

Adiós Fidel. ¡Hasta la victoria siempre!               


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