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11/08/2016

¿De dónde provienen las almas?


Santiago Villarreal Cuéllar

Cuando recibí las primeras lecciones de catecismo mamá nos explicó que las almas de los difuntos iban al cielo si el vivo fue bueno, al purgatorio si fue medianamente bueno y al infierno si fue malo. Ella describía el cielo como un lugar maravilloso donde los ángeles abanican las almas y las arrullan antes de dormir. El purgatorio como un lugar caluroso con llamas de fuego y las almas padeciendo sed. Un ángel suministra agua con gotero para mitigar el sufrimiento. El infierno como un sitio donde las almas se muelen en trapiches para luego arrojarlas a la paila mocha donde se cocinarán a fuego lento, mientras los diablos bailan y toman licor sin descanso. Tuve la idea de a dónde van las almas, pero nada sabía de su procedencia. Mi madre no sabía explicar ese misterio.

Cuando me adentré en los estudios de las ciencias humanas y sociales, conocí que no solo existía el cristianismo como religión, sino que hay cientos de miles de creencias, muchas de ellas antagónicas. Las politeístas que poseen varios dioses y diosas, y las tres grandes corrientes monoteístas existentes que creen en un solo dios. Para entonces ya tenía mis dudas sobre la existencia del alma, pero de todas maneras investigué la procedencia de la misma. He encontrado incoherencia en todas las creencias sobre el tema. Por ejemplo: para as religiones originarias del libro de los Vedas o hinduismo, las almas viven en el eterno retorno. Para ellos la reencarnación explica cómo cada alma regresa nuevamente a la tierra tomando la forma de otro cuerpo, sea vegetal, animal o humano. Sin embargo, he interrogado cómo se equilibra el surgimiento de nuevas almas pues la población mundial aumenta cada día. Los judíos no creen en el alma. Para el islamismo y cristianismo se explica con la creación. Si Jehová fue capaz de crear al hombre de una pelota de barro, las almas puede fabricarlas soplando corrientes de aire. ¿O no?       


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