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10/14/2016

No jueguen más a la paz


Santiago Villarreal Cuéllar

Después del plebiscito donde ganó ligeramente el no, se abrió una profunda grieta para continuar con los acuerdos firmados. Reuniones van y reuniones vienen con los representantes victoriosos cuyo único objetivo es poner talanqueras en la rueda del proceso. El merecido galardón entregado por parte del comité del Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos, parecería que oxigena los ánimos caldeados para continuar con tesón buscando que los acuerdos no sufran resquebrajamiento y se desmorone lo que con esfuerzo se logró durante estos cuatro años. Sin embargo, los sectores de la extrema derecha triunfadora, ahora desenmascarada por la financiación de importantes firmas pertenecientes a la rancia oligarquía colombiana, insiste en introducir reformas a los acuerdos sin contar siquiera con la respuesta de las farc, que en este momento tienen la sartén por el mango, y son ellos y nadie más que ese grupo armado quien decidirá finalmente si acepta o no modificar lo firmado.

Históricamente la derecha ha dividido al país con las banderas de la paz y la guerra, desangrando al pueblo que es quien pone los muertos mientras esa estirpe sangrienta de oligarcas celebran con whiskies y caviar cada victoria de sus maquiavélicas hazañas y continúan usufrutuando los beneficios que para ellos trae la guerra como lucrativo negocio y repartiéndose el botín del estado en favor de sus insaciables fauces. Esa oligarquía corrompida dividió la nación entre los partidarios del sí y del no en el plebiscito, mientras el pueblo se pelea en calles, vecindades y redes sociales, defendiendo las dos opciones, y ellos se reúnen en el palacio de Nariño para planificar cómo se repartirán los dividendos del posconflicto, o en el mejor de los casos regresar a una guerra fratricida donde el pueblo raso continuará pagándola con sus impuestos y poniendo las víctimas.

Pero en esta oportunidad el pueblo parece haber despertado del engaño y ha salido a plazas y calles a defender como suyo el derecho inalienable de la paz para todos los colombianos. Gracias a un selecto grupo de estudiantes de las universidades capitalinas que por las redes sociales, por fortuna todavía libres y no manipuladas como los grandes medios de comunicación al servicio de la burguesía dominante, se ha logrado concienciar a cientos de miles de colombianos para que salgamos a defender los acuerdos ya firmados y no permitir que un minúsculo grupo de personajes cuyas manos están manchadas de sangre producto de la guerra, manipulen o trunquen los acuerdos. Esta es la última oportunidad para decirle a estos verdugos: no jueguen más con la paz. ¡Hagámosla ya!    






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