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10/06/2016

El gobernador del Huila continúa en campaña


Santiago Villarreal Cuéllar

A once meses de elegido el gobernador Carlos Julio González, con la más alta votación de la historia del Huila, todavía goza de mucha popularidad. La gente cree en el mandatario cuando llega a sus terruños como si estuviera en campaña electoral. El mandatario también se comporta de igual manera. Para él la campaña continua. No hay lugar donde visite que no continúe haciendo promesas, ofreciendo cuantiosos recursos económicos que nadie sabe de dónde saldrán. El tercer departamento más pobre de Colombia, según las mediciones de la Dirección Nacional de Planeación, no cuenta con el presupuesto suficiente para hacer grandes inversiones. Además, como consecuencia del manejo centralizado de las regalías del petróleo, su mayor fuente de financiación, sumada a la baja en los precios y la explotación local, tendrá que apretar el cinturón en el próximo 2017. Así que no comprendemos la demagogia del señor gobernador, cuando él es consciente que no podrá cumplir ni siquiera lo prometido en su campaña del año pasado, mucho menos los nuevos compromisos que diariamente adquiere. Pero lo más deplorable es que nueve meses después de comenzar su mandato, no arranca. Parece estar embriagado en su aureola de popularidad y piropos, y ni siquiera a las obras que dejó inconclusas y financiadas el pasado mandatario, le da continuidad. Su principal bandera, el camino es la educación, se ve opacada por la corrupción por parte de operadores de los restaurantes escolares quienes  se engullen el 60% de los recursos presupuestados y solo invierten el excedente, suministrando una pésima ración en detrimento de nuestra juventud estudiantil.


La primera dama inició un programa de entrega de libros viejos para incentivar la lectura en algunos lugares del departamento. No me parece elegante que una administración que centró su programa y atención en la educación como premisa tenga que recurrir a la mendicidad para recolectar libros usados, convirtiéndose la primera dama en méndiga y tratando a nuestros niños de forma igual. Una flaca labor, aunque llena de buenas intenciones, hace la primera dama, y creo que debería implementar un plan más ambicioso y con recursos estatales. Se le abona a esta señora su dinamismo para tratar de ayudar a su marido a poner a rodar el carro estacionado de la administración departamental. A esto se suma el lamentable descalabro del plebiscito, donde el mandatario huilense se la jugó en favor del sí, pero los resultados fueron adversos. No sirvieron las amenazas a los alcaldes para que hicieran esfuerzos en favor del sí, o de lo contrario las partidas para estos municipios sería recortado. ¿Se desmorona su popularidad?            

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