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8/14/2016

Será obligatorio en Colombia ser gay


Santiago Villarreal Cuéllar

“Me marcho de Inglaterra, antes que promulguen una ley que nos obligue ser homosexuales.” Dijo un lord inglés a principios de la década del 2000, cuando se aprobó la ley que legalizó el matrimonio igualitario en la nación europea. Por las redes sociales hicieron circular en Colombia una supuesta cartilla donde enseña a los niños a ser homosexuales y lesbianas. La reacción no se hizo esperar. La fanaticada seudo-cristiana de todas las denominaciones, comenzaron a realizar misas, exorcismos, cultos, sanaciones, marchas, protestas y plantones para escupir su odio visceral a las minorías gay y lesbianas. La ministra de educación Gina Parody, de reconocida tendencia lésbica, desmintió la existencia de dicha cartilla pero el populacho enardecido no creyó y salió despavorido a calles, caminos, carreteras y plazas, vistiendo camisetas blancas y portando globos del mismo color, a manifestar su furia hacia la ministra “inmoral,” y contra el nuevo peligro para la sociedad colombiana después de la guerrilla "castro-chavista:" la comunidad homosexual y lesbiana.

A las marchas salieron todos los padres de familia y muchas madres adictos al alcohol. Esos que se emborrachan de seguido y protagonizan tremendos escándalos familiares, brindando un pésimo ejemplo a sus hijos, maltratando su cónyuge de palabra y obra. También la encabezaron pastores cuya mayoría les preocupa más el diezmo para lucrar sus bolsillos insaciables, que el bienestar de las familias. Muchos sacerdotes católicos pederastas, algunos homosexuales camuflados en los sagrados ornamentos, acompañaron la marcha. ¿Cuántos de estos padres de familia son bisexuales que se niegan a salir del closet? ¿Cuántos de estos no han violado sus hijastras y hasta sus propias hijas? Pero era necesario cubrirse con el manto de la hipocresía y salir a combatir la “inmoralidad.” Esas son las paradojas de nuestro pueblo colombiano. Una sociedad que se dice cristiana, pero está lejos de practicar las enseñanzas de Cristo incrustadas en los evangelios. Lejos están estos fariseos de practicar el amor y la tolerancia por el prójimo, que predicó Jesús.          


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