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6/23/2016

Gobierno y farc firman cese bilateral al fuego


Santiago Villarreal Cuéllar

Un sol manchado de sangre, cuyos rayos luminosos opacados por crímenes, secuestros, extorsiones, desapariciones forzadas y masacres perpetradas por distintos grupos armados antagónicos, llegará a su ocaso; aparecerá otro sol cuyos rayos de esperanza esparcirán el fuego y el calor de la paz, de nuevos horizontes positivos que se ciernen bajos los claros cielos de nuestra martirizada Colombia.

El jueves 23de junio de 2016, constituye un día histórico para los colombianos. Se firma el acuerdo del cese bilateral al fuego entre la guerrilla de las farc y el gobierno. Comenzará la nueva etapa de pos-conflicto donde todos los colombianos amantes de la paz negociada estaremos prestos a continuar apoyando sin vacilaciones. Porque queremos una Colombia sin grupos armados, sin esa violencia absurda en la que nacimos, nos criamos y crecimos; esa maldita violencia que nos arrebató familiares, que sin compasión golpeó a muchos de nuestros amigos; la misma que ha dejado sin bienes materiales a millones de colombianos que fueron obligados a dejar su terruño, sus sueños y quimeras que por muchos años forjaron con el sudor del trabajo honrado, y se vieron obligados a desplazarse a otras zonas desconocidas para ellos, o a marcharse del país para comenzar una nueva vida, dura y fatigada.

Nuestro apoyo incondicional a este primer paso que constituirá escalar el primer peldaño de esa larga escalera que será la era del pos-conflicto, que esperamos sea llena de reformas estructurales por parte del estado para que la gran mayoría de los colombianos seamos beneficiados con una buena calidad de servicios de salud; una educación que garantice su acceso a todos los sectores menos favorecidos de forma gratuita y de calidad; una justicia que sea verdaderamente imparcial, sin los vicios y la corrupción en la que está sumida hoy; una reforma agraria que dé acceso a la tierra, a esos suelos ociosos que cientos de miles de colombianos no tienen hoy el derecho a labrar, y donde el agro constituya el pilar fundamental de la seguridad alimentaria de nuestro país; una seguridad social que permita la universalidad de una pensión justa y digna para todos los colombianos que lleguen a una edad en la que puedan gozar de la misma, y no morirse en las calles recogiendo cartón, pidiendo limosna y despreciados por una sociedad cruel, insolidaria e individualista.

Cuando estos derechos sobre lo fundamental se logren hacer realidad en nuestro país, estaremos viviendo la verdadera paz que anhelamos todos los compatriotas. Por ahora, estamos empezando a escalar la dura escalera de la reconciliación.     


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