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3/29/2016

¿Porqué no se firmó la paz el 23 de marzo?


Santiago Villarreal Cuéllar

Es el interrogante que millones de colombianos se hicieron el 23 de marzo pasado; plazo propuesto por el gobierno del presidente Santos, y aceptado por los voceros de las farc en la Habana, para firmar los acuerdos de paz que se vienen negociando desde hace tres años. Aunque la afirmación es subjetiva porque como lo he expuesto en otras columnas, la paz no se logrará con la firma del fin del conflicto con las farc, si el eln, la otra guerrilla no menos importante, ni menos peligrosa no hace parte de otro proceso de negociación; y si el gobierno no tiene la voluntad política de realizar las reformas estructurales que Colombia necesita para lograr una verdadera paz, la objetiva.

Pero frente a la pregunta sobre el aplazamiento de la firma de los acuerdos, voceros del gobierno y guerrilla explicaron en la Habana que no se logró porque faltan varios puntos sobre los cuales no se ha podido acordar nada. Para un gran sector de colombianos escépticos, no fue sorpresivo el anuncio pues nunca han creído en el proceso. Para quienes se han opuesto a estas negociaciones desde su comienzo, les cayó muy bien la noticia porque esto les da la razón mediática para continuar atacando con mayor intensidad las negociaciones. Para quienes desde el principio hemos apoyado el proceso como la única salida posible para terminar esta guerra civil como lo dijo el presidente Obama en la Habana, tampoco nos sorprendió el aplazamiento. Dese el comienzo de las mismas dijimos que a las negociaciones de paz no debe ponérsele plazos y menos en un conflicto donde históricamente ha reinado la desconfianza de ambas partes por los antecedentes del pasado. Firmar acuerdos de paz no es tan fácil como creen algunos; estos acuerdos no tienen plazos definidos como las negociaciones comunes, donde se compra y se vende un objeto y se fija una fecha para cancelar el valor. Estas negociaciones por su misma filosofía, su disparidad de criterios y las inmensas diferencias, requiere ante todo de mucha paciencia de las partes y aún más de los espectadores, en este caso el pueblo colombiano. En muchas ocasiones los detalles finales son los más dispendiosos de acordar y creemos que son esos mismos sobre los que no se pudieron poner de acuerdo.

Pero no obstante los obstáculos de última hora, estamos completamente seguros que nada detendrá la firma de los acuerdos y el éxito de los mismos. Los colombianos debemos tener fe y convicción de que más temprano que tarde tendremos la mejor noticia de nuestra historia reciente.     


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