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11/29/2015

Mujeres maltratadas


Santiago Villarreal Cuéllar

Legado machista; herencia del monoteísmo representado en el judaísmo, cristianismo, e islamismo; Jehová, Jesucristo, Alá, dioses masculinos donde la mujer ocupa un segundo plano. Esa cultura religiosa contribuyó para que el hombre bajo esos esquemas se convirtiera en ser dominante; el hombre fuerte, la mujer débil; el hombre tosco, la mujer tierna; el hombre no debe llorar, la mujer conmueve con su llanto. No podía esperarse sino hombres con patologías agresivas compulsivas hacia el sexo opuesto; y unas mujeres sumisas, obedientes, y temerosas.

En vano las legislaciones expiden leyes contra el hombre maltratador; pero no profundiza en sus raíces antropológicas, culturales e históricas. La cultura desarrolla patologías psicológicas y psiquiátricas, que con el correr del tiempo se vuelven crónicas y difíciles de tratar. A eso llegamos en la mayoría de nuestros países; a una sociedad machista, donde la mujer es considerada el sexo débil y el hombre es quien trabaja para ella, bajo el concepto de seducirla, dominarla, y castigarla. Las mujeres también ponen su grano de arena; son ingenuas, temerosas, y sumisas; algunas todavía afirman que el hombre es de la calle y ellas de la casa; aceptan su esclavitud; viven enamoradas de su cadena y adoran su verdugo.

Se suma a ese legado cultural la forma como crían los hijos; castigos físicos, psicológicos, gritos y amenazas. Un niño agredido desde su tierna infancia, guarda en su mente el rencor, la impotencia de no poder defenderse; en su adolescencia y adultez será un agresivo compulsivo, cuya patología requiere tratamiento psicológico o a lo mejor psiquiátrico, pero termina amenazado con castigos duros como la privación de su libertad. En la mayoría de los casos prefiere la cárcel por transgredir la ley. La mujer por su parte no denuncia; también fue maltratada física, verbal y psicológicamente en su niñez; es una pasiva compulsiva; en su inconsciente necesita un maltratador y lo encuentra en su vecindad. Si queremos erradicar el maltrato a la mujer, debemos empezar por reconocer que somos enfermos mentales.      


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