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9/19/2015

Sobre el "Liderazgo y propósito" propuesto por Kenji Yokoi


Santiago Villarreal Cuéllar

Con bombos y platillos se promueve por diferentes ciudades el vídeo del señor Kenji Yokoi, relacionado sobre las posibles causas de porqué los colombianos somos pobres y otros países como Japón y Alemania son ricos. 

No se puede desconocer que el señor Yokoi es un motivador profesional, de esos que abundan en estas épocas influidas por la doctrina económica neo-liberal, para influir sobre las personas menos educadas, que desconocen las leyes de la economía mundial y creen que las cosas materiales llegan solo por trabajar más duro, o ser demasiado optimistas.

Para aclarar mejor esas teorías, me permito transcribir un artículo publicado en 2013 por el escritor Oscar Mauricio Corso, donde analiza el contenido del sonado vídeo.

¿Porqué los colombianos somos pobres?

Por: Oscar M. Corzo
Schopenhauer, filósofo alemán y acérrimo sacerdote de la voluntad, solía responder que la mayor característica en común de todos los pueblos sobre la tierra era la inclinación a la pereza. Nietzsche mencionando el hecho concluía que había algo que su maestro pasaba por alto, y era la cobardía. Menciono esto para dejar claro que no somos poseedores de defectos universales, ni que podemos ser tan acomplejados para pensar que en toda la humanidad somos los únicos o los más perezosos.  Frente a esa pregunta ¿Por qué somos pobres, si estamos rodeados de recursos? Quiero mencionar que en aquel célebre video el desdén por el contexto me resultó en un principio desconcertante y a la final sólo termino ofendiéndome. Y aunque entiendo bien que sólo es un artilugio que pretende estimular la obediencia y servilismo de los asalariados en las empresas, pienso, ¿tienen derecho a negar el desplazamiento forzado? ¿Tienen derecho a comparaciones ridículas y desencajadas?  De mala gana llevo meses pensando una respuesta. ¿Puede la pereza justificar nuestra condición social? Un fragmento privilegiado de nuestra sociedad aplaude y afirma que sí, pero ellos adoran el privilegio moral. Adoran ese derecho mal habido de observar al resto de la sociedad por encima del hombro, creyéndose dueños de una superioridad ridícula, pero ignoran que aquí incluso nacer y tener comida para desarrollarte es un privilegio. Erich Fromm criticaba así el espíritu sartriano de la libertad absoluta, acusándolo de burgués, pues en la sociedad occidental sólo quien todo lo tiene es verdaderamente libre. Tus posibilidades se abren en gran medida a partir del estrato al que perteneces, o a la suerte que tuviste, o incluso a lo bien alimentado que creciste, así que ¿son libres la mayoría de nuestros futuros ciudadanos?  ¿Existe libertad de acción en la pobreza? Por ejemplo; sabemos que si un niño no recibe una alimentación ideal antes de los cinco años su cerebro no se desarrollará completamente, así que los niños desnutridos de hoy serán los hombres no eficientes para el sistema mañana. Una sociedad que se considere exitosa, capitalista o no, debe garantizar el flujo humano entre las capas sociales. Para eso requiere de una industria desarrollada que fortalezca la importancia del trabajo técnico, y posibilite una tradición en la investigación que haga florecer el trabajo académico. El flujo humano, guiado por el trabajo, es lo que hace posible que quien hoy trabaja como técnico mañana pueda ser un profesional a gusto con sus necesidades intelectuales, y así vaya avanzando, si lo desea, en cada uno de los escalones de la capacitación universitaria. El flujo de la mano de obra en Colombia no existe. Como país diseñado desde afuera para fracasar, desplazamos nuestra mano de obra a la ciudad, en donde la escases de puestos de trabajo nos transforma en  desempleados desesperados por una oportunidad, al punto que por ella solemos renunciar a nuestros derechos. Sincerándonos se preguntaría, ¿somos perezosos? ¿Necesitamos más trabajo? ¿O acaso lo que necesitamos es una correcta administración de los recursos que poseemos?  La Colombia que conozco dista demasiado de ser perezosa, de ser esa divertida creatura feliz e irresponsable que pinta el video. Es más, ¿funcionaría la sociedad si en realidad fuésemos así? ¿Somos en realidad unos privilegiados irresponsables? ¿Tendríamos pan y trasporte en las ciudades? ¿Tendríamos esa añorada seguridad que tanto predica la derecha, o  las libertades que se han logrado a través de luchas sociales? ¿Tendríamos alimentos? ¿Tendríamos campesinos? ¿Tendríamos tenderos y repartidores, vendedores o zapateros?  El video sería cierto si nuestros recursos naturales estuvieran inmóviles, si nosotros,  llenos de esas supuestas oportunidades de riqueza, estuviésemos  dormidos haciendo nada. La realidad nos enseña, por el contrario, que nuestros recursos están siendo sobreexplotados, no por nosotros, sino por inversores extranjeros,  mientras la gran multitud de colombianos trabajadores debemos arrinconarnos más y más a sectores de producción improvisados, dignificados por videos como este, pero la economía improvisada no es el camino que debemos tomar como país. Que algunos huyamos del hambre vendiendo empanadas y arepas no significa que nuestra economía pueda soportar un rebusque colectivo, pero como vemos, el único margen de producción que tenemos es ese. Cada vez será más difícil vender ropa, vender zapatos, vender manufacturas, incluso comida.  Mientras tanto,  nuestras materias primas son regaladas a cambio de algunos dólares que en vez de engrosar nuestro presupuesto nacional alimentan las hinchadas billeteras de nuestros políticos.
Nosotros, en un arranque de falsa fortaleza, dignificamos el rebusque, creyéndolo la salida obvia a nuestra situación.  Esto es falso. Dado que tenemos recursos, pero no nos son de provecho, dado que tenemos el potencial, pero lo hemos dedicado al rebusque, dado que  algunos de nuestros nacionales mueren de hambre,  el postulado obvio no sería “necesitamos más trabajo” si no “necesitamos una mejor administración nacional” “necesitamos una nueva administración, que restablezca las prioridades de nuestros recursos. No necesitamos trabajar más bajo los mismos principios y prioridades. Eso sólo alimentaria las desigualdades y perpetuaría nuestra esclavitud”
Yo, que vengo de una familia campesina, conozco los rigores del trabajo de la tierra en este país.  A un campesino colombiano puede tildársele de cualquier cosa, menos de perezoso. Sin embargo, y según las últimas estadísticas, sólo el 25.7 por ciento de la sociedad colombiana vive en el campo, ¿y los demás? sobrevivimos aglutinados en las grandes ciudades, víctimas de la miseria y de las condiciones extremas, víctimas de la deslegitimización del trabajo, y de nosotros mismos; ahora trabajando salimos a deber. Todas las luchas sociales que le dieron dignidad a los sindicatos, derechos a los asalariados, desaparecieron tras una lucha violenta por arrebatarnos la dignidad.  La gran derrota de los trabajadores en este país está representada en nuestras actuales leyes laborales. Pero la pregunta sería ¿somos malos trabajadores? En medio de su pedantería un contratista colombiano dirá que sí, pero me gustaría hacerle la pregunta no a un colombiano, si no a un español: a un capataz de las obras civiles, o a los encargados de las productoras textiles en nuevo México o de Miami. Quien de verdad puede compararnos es aquel que ha trabajado no sólo con colombianos, si no con trabajadores de varias naciones. Por eso me gustaría hacerle la pregunta a los empleadores de las ensambladoras electrónicas alemanas, que tienen individuos de todo el globo; africanos, ecuatorianos, japoneses, alemanes, ingleses…  ellos tienen una opinión muy diferente de nosotros; y en realidad, para ellos, somos apetecidos.  En promedio, en el país los colombianos con empleo tienen horarios laborales de diez a doce horas diarias, muy superiores a los estándares laborales europeos. Los islandeses, que son verdaderamente un país a imitar, trabajan seis, pero su sueldo mínimo es ocho veces superior al nuestro. ¿Que motiva a un trabajador, si no es su salario? ¿Qué le ofrece dignidad a quien trabaja, si no es la posibilidad de complacer sus necesidades o caprichos?  Nuestro salario mínimo es una vergüenza internacional,  y lejos de garantizar poder de compra, apenas y garantiza la subsistencia. Aquí y en cualquier lugar del mundo un trabajador mal pago es un trabajador desmotivado.

Pero el video puso de ejemplo a los japoneses, ¿cuál es su horario laboral? Japón, que es el paraíso del neoliberalismo, tiene un horario laboral promedio de quince horas,  y no precisamente por gusto, sino porque sólo así logran tener una vida decente. Los japoneses no son precisamente una nación feliz, pero tienen una de las inversiones en educación más altas del mundo, y la mano de obra mejor calificada. En verdad, un país no se piensa a través de la sobreexplotación de su  ciudadanía, sino a través de la educación. Alemania hoy en día es un país rico a mi parecer por dos factores; la presencia de una industria fuerte y la existencia de un estado socialdemócrata que garantiza derechos sociales gratuitos como la salud y la educación, así como los sueldos más altos de la unión europea. Una lección básica de economía nos ayudaría a entender que un país en donde hay sueldos altos e industria fortalece su mercado interno ¿y nosotros? Dado que no somos un país industrial, y que siendo un país agrario la mitad de nuestro territorio está invadido por megacultivos y megaproyectos mineros, dado el hecho de que ni un instante han menguado las expulsiones del campo y mensualmente llegan doscientas mil migrantes a Bogotá, ¿qué podemos decir de nuestro mercado interno?  No importa, como diría José Obdulio, si son migrantes o no. No importa si los saca de sus tierras los paramilitares, la guerrilla o la falta de oportunidades;   no hay que olvidar que también hay violencia en el hambre, y de esa violencia se alimenta la desesperación de nuestro sistema económico.
Las ganancias de la industria alemana se quedan en Alemania, lo que hace a su economía circular, porque el dinero circula entre los diferentes productores y consumidores. En Colombia las ganancias de un porcentaje bastante alto de nuestra industria se van al exterior, lo que nos transforma en una economía extractiva. Muy pocos de nuestros gordos millonarios vive aquí, y la mayoría han vendido sus medios de producción a extranjeros. Así que el dinero no circula, sólo se extrae, a menos que regrese a modo de “inversión”  dinero invertido en nuestro país para garantizar mayores ganancias y por el cual actuamos como si fuésemos perros hambrientos y nos dieran un hueso.
A un colombiano le cuesta tres veces más el trasporte nacional que a un alemán. Tenemos tres millones de desplazados sin capacitación para la ciudad, arreglándoselas con el rebusque y peleándose por los empleos en la construcción. Pese a ser productores, tenemos la gasolina más cara del mundo, lo que incrementa los precios de nuestros alimentos,  y día a día nuestra industria nacional va siendo destruida por nuestra economía extractiva, por nuestro acomplejado sentido de nación, y por nuestra predilección arancelaria por lo producido en el exterior.

Equivocadamente nos hemos adherido a un concepto errado de la libre empresa, que parte de la falsa premisa de que todos los seres humanos somos emprendedores ¿acaso todos los seres humanos somos también zapateros, pintores, educadores u obreros? El  emprendimiento y la correcta administración es un talento,  y como tal muy pocas personas lo poseen, Además ¿Una economía logra estabilidad si cada una de sus partículas genera un núcleo minúsculo de producción?  Pensemos en algo; la dinámica global del capital lleva a la búsqueda de la producción a bajo costo. Es decir, para  maximizar la ganancia, y para que la producción sea masiva, hay que crecer y abaratar  materiales, insumos, mercadeo e intermediarios. Siempre por unidad será más barato producir un millón de zapatos que producir diez, y este proceso,  que por un lado garantiza la rentabilidad de la empresa privada, también termina siendo el mismo que reduce la cantidad de productores a unos pocos, descomunales  y eficientes.  En este proceso  de centralización del capital tienden a desaparecer las empresas medianas y pequeñas, aplastadas por los grandes consorcios e industrias. En esta desaparición no existe ningún sentido de equilibrio, de tacto, de decencia;  casi siempre el más grande aplasta al pequeño.
Entonces, si seguimos con el optimismo desbordado, creyendo que podemos participar de esta dinámica de carroñería  ¿podemos seguir pensando nuestra economía a partir de pequeñas empresas? No todas son exitosas. En ellas, para desarrollarlas,  sólo nos quedan los márgenes que han dejado los gigantes. Empanadas, arepas, tamales; no podríamos sostener una economía con una producción tan reducida, tan minusválida. El SENA,  videos como este, el estado,  e incluso videos  como este, siguen promoviendo  un modelo no sostenible mientras vamos nadando en un flotador hacia una enorme cascada  ¿que nos sucede? ¿Podemos seguir engañándonos?
Pero volviendo a lo perezosos que somos como trabajadores;  hace unos dos años tuvimos una crisis luego de la disminución del monto de las remesas que el 55% de los colombianos que viven en el exterior envían a sus parientes  dentro del país. La cifra gira alrededor de los 3.3 billones de pesos por semestre ¿no les parece ridículo que un ingreso como este tenga tanto valor para nuestra economía?  Precisamente,  nuestra producción nacional es tan precaria que tambalea ante  un gesto tan sutil, así que puede pensarse que parte importante de nuestro poder adquisitivo depende del dinero que ganan colombianos  en mejores condiciones laborales que las nuestras.  La política interior de los últimos veinte años apuntala más y más a nuestro país de ese tipo de dependencias, así que en medio de esta globalización hipócrita, y en esta mentalidad cobarde y avasallada nos hace serviles y eficientes, pero no soberanos, y por lo tanto no dignos. No es gratuito que a través de mentiras incentiven nuestra obediencia, pero no nuestra autoridad económica y territorial; bajo esta economía antinacional es natural que incentiven trabajadores absorbidos por los esclavizantes privilegios laborales de las zonas francas, pero estos individuos, como ya aclaré, creyendo que trabajan para el país, creyendo que hacen algo por sí mismos, solo ahondan nuestra miseria. Sin saberlo, regalando su trabajo en el robo que vivimos sólo profundizan nuestra economía genocida del privilegio, pobreza y extracción.
El simple hecho de que nos creamos los poseedores de defectos universales como la pereza evidencia nuestra profunda ignorancia provinciana, y nuestro acomplejado valor colectivo. El hecho de que con esta campaña publicitaria nos pretendan convertir en borregos laborales no debería avergonzarnos, si no ofendernos. Respiramos satisfechos frente a las acusaciones ridículas porque nos encanta el sentimiento de culpa, pero olvidamos que eso atenazada nuestra esclavitud, y destruye nuestra menospreciado valor como nación.
Piensa en esto; tres millones de desplazados registrados por acción social sobreviven solos; familias enteras llegan a Bogotá sin ninguna posibilidad de sobrevivir. ¿Puede el estado vanagloriarse de sostenerlos? Jamás. Dudo mucho que la economía alemana sobreviviese al desplazamiento de cerca del ocho por ciento de su población. Además, los trámites para lograr ayudas suelen tardar entre tres y seis meses.  Si fuese verdad que están tan habidos de ser mantenidos por el gobierno, a los seis meses ya habrían muerto de hambre. Yo conocí a mujeres que hacían camisas a  doscientos pesos la unidad, y así alimentaban a sus hijos. Venden comida, venden servicios, se regalan como trabajadores, pero no mueren. Sobreviven.  Incluso ser indigente aquí es un esfuerzo; Insisto en que Colombia no está habitada por sinvergüenzas, porque aquí los sinvergüenzas no tienen subsidios…Esto no es Europa. Si algo me enfureció  del video fue ese menosprecio viscoso contra los desplazados, tratándoles de parásitos del estado, cuando sucede lo contrario, el parasito aquí son los funcionarios de nuestro gobierno minusválido, que se engordan con el sudor y la sangre de todos los habitantes del país

Japón y Alemania tienen algo que nosotros no tenemos; patriotismo verdadero, soberanía y autodeterminación. Hoy en día la soberanía es un privilegio de los países ricos. Cuando un país pobre intenta hacerse respetar se le llama populismo, y es señalado como un defecto.
Japón y Alemania fueron reconstruidos por los estadounidenses luego de la segunda guerra mundial. Gran parte de la economía alemana occidental fue subsidiada hasta la caída del muro de Berlín, como estrategia  económica y social para desestabilizar la Alemania oriental.  Una vez caído el muro, se estableció un gobierno socialdemócrata, con una industria sólida y un mercado interno fortalecido. ¿Colombia que tiene en su lugar? Sesenta años de saqueo de tierras, y acumulación desmesurada de riqueza. Sesenta años de corrupción y de violencia. El simple hecho de que a pesar de todo nuestro país se mantenga a flote, debería ser para todos, motivo de orgullo.
Como ya mencioné, la única conclusión a la que llego es que en vez de más trabajo necesitamos una mejor administración.  Dado el hecho de que es cierto que abundamos en recursos, que por cierto no están inmóviles,  sino que son sobreexplotados, la respuesta obvia sería que necesitamos manejar mejor lo que tenemos, no que debamos seguir explotándonos como imbéciles para engordar a otros.  

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