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6/30/2015

Violencia contra los niños


Santiago Villarreal Cuéllar

La violencia contra nuestros niños empieza en el hogar; cuando castigas físicamente  su hijo, le gritas para amedrentarlo, le dices bruto, inútil, estúpido, o tonto, estás ejerciendo, no solo violencia física, sino psicológica. También se ejerce violencia cuando peleas con su pareja delante de los niños, y recurre a la violencia física contra esa pareja. Aquellos padres que se embriagan y llegan a casa a gritar, y hasta obligar los niños a beber, también violentan los pequeños. Con relación a estos casos, poco o nada hacen las autoridades encargadas de preservar la integridad de los niños; allí no ejerce control el ICBF, ni la Policía de infancia y adolescencia, y nuestra niñez está a merced de verdugos más peligrosos que los particulares; me refiero a los propios padres de familia o quienes ejercen ese rol. El resto de la sociedad agrede los niños de diferentes formas, pero se esperaría que dentro del núcleo familiar existiera una forma distinta de tratar los infantes.
Resultado de esta violencia intrafamiliar: niños buscando consuelo en otros adultos, cayendo en peligro; o buscando ayuda y orientación en otros adolescentes que nada positivo ofrecen; niños refugiándose en la farmacodependencia, llámese alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, heroína y substancias provenientes de pegantes; y algo peor, niños que se marchan del hogar, y se lanzan a aventurar en las peligrosas calles de pueblos y ciudades, donde son presa fácil de violadores, drogadictos y explotadores laborales.

Otra patología peligrosa heredada por los adolescentes como consecuencia de este maltrato familiar, son jóvenes agresivos, estresados, y muchos con síndrome de desadaptación social. Esta última enfermedad mental, descubierta en la década de los cincuenta, es causante de muchos casos de suicidios de jóvenes que pierden totalmente la esperanza de vida y al menor síntoma de choque con otra persona, o un enamoramiento rechazado, ponen fin a su vida como única salida a su problema. No es alentador el futuro de nuestra juventud, si en los hogares continúan tratando los niños como simples objetos.   

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