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4/19/2015

El cartel arrocero


Santiago Villarreal Cuéllar

A mediados del mes de enero escribí en este diario una columna, denunciando los especuladores del arroz. Teníamos razón, porque la Superintendencia de Industria y Comercio, dirigida por Pablo Felipe Robledo, impuso multimillonarias multas contra dos reconocidas firmas arroceras, Flor Huila y Roa; lamentablemente ambas fundadas en nuestro bello Huila. Vergonzoso para nuestros paisanos aparecer ante el país como despreciables especuladores y monopolizadores de un producto de vital importancia para la seguridad alimentaria de nuestro pueblo. Más que despreciable, es reprochable, y atenta contra  la vida de las familias más humildes de nuestro país, pues un sinnúmero de colombianos tienen como ración diaria un plato de arroz, acompañado de algún zumo de fruta, o refresco sintético. Arroz ala girasol, consiste en la mayoría de los casos, el plato diario de cientos de miles de familias, cuya fórmula es un plato de arroz acompañado de huevo frito. Pero en general, el arroz constituye el plato principal de la mayoría de familias de clase baja, media baja, y media. 
No tienen escrúpulos estos señores del cartel del arroz, quienes solo piensan en el lucro personal, pero ni siquiera por un momento se compadecen de los millones de personas pobres de nuestra querida patria, cuyos ingresos no alcanzan para comer dignamente y se alimentan de este producto básico. Deberían poner ese vital alimento a un precio razonable, donde pueden ganar poco, pero haciendo una verdadera obra caritativa.
El gobierno debe ser firme y confirmar estas multas, pero debe también obligar a estos especuladores a bajar de inmediato los precios del producto. Y los colombianos también deberíamos castigar a estos inescrupulosos, no comprando arroz de estas dos marcas comerciales, por lo menos mientras bajan el precio. Creo que merecen un castigo de todos los colombianos porque con los elevados precios y el control monopólico de este producto, terminan acosando de hambre a cientos de miles de familias. La verdadera seguridad alimentaria de una nación no depende solo de producir alimentos, sino de controlar sus precios y comercialización.          


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