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2/18/2015

Pena de muerte


Santiago Villarreal Cuéllar
Revivir el debate para estudiar la posibilidad de aprobar la pena de muerte por delitos considerados atroces, entre ellos los que atentan contra menores de edad; esta afirmación salió de labios del general Rodolfo Palomino, comandante general de la Policía de Colombia, el sábado 14 de febrero de 2015, cuando capturaron los presuntos asesinos de los 4 niños en el departamento del Caquetá. No sorprende que un general de la república haga esta propuesta pues su pensamiento está relacionado con la guerra, la muerte y las armas. Nos duele profundamente el atroz asesinato, cobarde, cruel, despiadado contra cuatro criaturas que dormían en su humilde morada. El clamor nacional es que este horrendo crimen no quede en la impunidad, como otros similares. En buena hora capturaron a los presuntos autores materiales. Esperamos eso sí, que en esta oportunidad estos sean los responsables y no se trate de otro falso positivo para dar resultados sobre un operativo al cual el presidente Santos puso un ultimátum. Confiemos en la Policía y la justicia.
Pero abrir un debate para estudiar la implantación de la pena de muerte en nuestro país me parece absurdo e innecesario. Entre otras razones porque no es la primera vez que desafortunadamente asesinan inmisericordemente a menores de edad. ¿O es que se nos olvidan las horribles masacres perpetradas por parte de para-militares donde asesinaron con sevicia menores de edad? ¿No recuerdan acaso cuando estos parácos jugaban con las cabezas de niños decapitados por ellos en San Juan de Apartadó Antioquia? ¿O se olvidaron de las matanzas ocasionadas por las guerrillas donde han perdido la vida muchos menores? Colombia es un país donde la violencia contra los menores de edad ha sobrepasado los límites de la crueldad. Este es un país enfermo mentalmente por la degradación del conflicto, la intolerancia y falta de respeto hacia los menores. La principal violencia comienza en su hogar, su familia, donde el mal ejemplo cunde y sus derechos se violan diariamente.
Como defensor de los derechos humanos, rechazo terminantemente cualquier debate a favor de la pena de muerte. El primer derecho fundamental de cualquier ser humano es la vida, sin la cual todos los demás derechos no tienen razón de ser. En buena hora el gobierno nacional y las guerrillas avanzan en un proceso de negociación para terminar toda esa racha de muertes que ha traído esta violencia. No es esta, ni lo será nunca, la ocasión para plantear a una sociedad enferma mentalmente por causa de la violencia, que el estado se convierta en asesino de sus ciudadanos, por criminales que estos sean.         

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