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11/14/2014

Buscando justicia


Santiago Villarreal Cuéllar

Justicia es un concepto manejado en todas las épocas  por las diferentes civilizaciones para explicar los marcos jurídicos que rigen una sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía de los integrantes. Constituye un conjunto de reglas que especifican y tipifican aquello que debe ser sujeto de su aplicación. Quizá el marco jurídico más conocido y sobre el que se han inspirado las demás civilizaciones occidentales es el derecho romano, pero los conceptos de justicia han existido en diferentes formas, orales y escritas, desde los albores de la aparición del hombre.
En todas las repúblicas inspiradas en los ideales de Montesquieu, “dividid los poderes si queréis que la libertad subsista,” cuyo legado fue la revolución francesa y  norteamericana, se dividió el poder judicial como una rama independiente de los otros poderes, ejecutivo y legislativo. Sin embargo, en muchas naciones después de doscientos años, esta separación continúa siendo teórica, y la justicia se utiliza muchas veces para perseguir adversarios de distintos ideales, religiosos y políticos. En nombre de la justicia se han cometido muchos atropellos contra comunidades e individuos, bien para despojarlos de sus bienes, como para sepultarlos en una cárcel de por vida. También sorprende ver cómo la justicia es demorada en algunos procesos que a la luz del derecho parecen claros y probados, mientras que en otras ocasiones es rápida y eficaz en procedimientos que parecieran turbios, y ajenos al acerbo probatorio. Muchos colombianos no comprenden porqué un juez de la república impuso una severa pena de cuatro años a un hombre que manoseó las nalgas de una mujer, y en cambio otros jueces mediante la llamada justicia transicional condenaron apenas a ocho años a criminales de grupos para-militares que cometieron decenas de homicidios, entre ellos algunos tipificados como delitos de lesa humanidad. Cientos de personas esperan meses y años, se haga justicia contra concejales, alcaldes, gobernadores, agentes de la policía, miembros del ejército, parlamentarios y hasta el presidente de la república, porque instauraron sendas denuncias, debidamente probadas para culparlos de supuestos delitos de corrupción, mientras el ratero que hurta un celular en la calle es conducido de inmediato a una cárcel. 

Sin embargo así opera la justicia, no solo en Colombia, sino en todos los países del mundo. La justicia es un ser abstracto, una entelequia que unas veces es implacable y severa, mientras que otras parece ciega, muda y sorda ante el clamor de sus súbditos. Quizá el misterio consista en ser manejada por seres humanos, cuyo cerebro está aún lejos de la perfección; quizá a futuro una poderosa computadora imparta justicia rápida e imparcial.           

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