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10/14/2014

Buscando la libertad


Santiago Villarreal Cuéllar

El advenimiento del humanismo, inspirado por filósofos de la Edad Media, como Petrarca, Tomás Moro, Bocaccio, entre otros y finalizando el siglo XVIII con Rosseau, Montesquieu, Diderót, Voltaire, entre los más destacados, legó los derechos humanos fundamentales sobre los cuales cimentaron las nacientes repúblicas de occidente sus constituciones. El primer derecho fundamental es el de la vida sin el cual todos los demás no tendrían vigencia. La vida como principio fundamental, su conservación y protección constituye la base de todos los demás derechos. El segundo derecho fundamental es la libertad, principio por el cual se libraron sangrientas batallas, primero para libertarnos de los yugos coloniales y después para liberar al individuo. En nuestros días para el común de la gente la libertad tiene poco significado y mucho menos saben de su inmenso valor. Pero si alguien cae preso o secuestrado, así sea por unas horas, valorará la inmensidad de este derecho. La libertad es un derecho tan preciado que fue precisamente el castigo inventado por los expertos en derecho para castigar aquel individuo que viola normas legales tipificadas como delito. Privar de la libertad es el peor castigo para cualquier ser humano. Por esa misma razón el secuestro de personas es tipificado en el Derecho Internacional Humanitario como delito de lesa humanidad, cuyas penas no están sujetas a amnistías, ni indultos.    

Examinando casos específicos, en el contexto colombiano, de personalidades como Luis Carlos Restrepo, María del Pilar Hurtado, Andrés Felipe Arias y la ex contralora Sandra Morelli, no se justifica, pero sí comprendemos por qué estas personas huyeron fuera del país para evadir la cárcel. Cuando se valora la libertad, así el individuo sea consciente de haber transgredido la ley, su primer instinto es conservar la libertad a toda costa. Y como estas personas, son miles de sindicados por diferentes delitos que huyen en diferentes países del mundo, evadiendo ser apresados para no perder su más preciado tesoro: la libertad. Amar la libertad se convierte en obsesión para quienes la pierden, que en muchas ocasiones optan por el suicidio como única forma de liberar ese cuerpo que está privado de ella en una cárcel. El derecho a la libertad, concebido como principio filosófico es tan grande, tan sublime, que muchos seres humanos conciben el suicido como una forma de liberarse a sí mismos. En países como el Uruguay, la constitución considera el suicido como un derecho, justamente como principio de la libertad individual; y en muchos países, la eutanasia, o derecho a morir cuando la enfermedad es terminal, constituye una forma de liberarse del dolor.             

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