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9/09/2014

La maravilla del perdón


Santiago Villarreal Cuéllar

Parece un sueño que las farc estén reconociendo a sus víctimas, convirtiéndose así en el primer actor armado de la historia que en un proceso de negociación y diálogo, tienen en cuenta el daño que causaron a un gran sector de la sociedad civil. Esta actitud es digna de reconocimiento y de creer que realmente tienen interés en una verdadera reconciliación. He releído muchas veces el libro “El Milagro del Perdón,” del Obispo Mormón Spencer W. Kimball, en cuyas páginas enseña la necesidad de perdonar de verdad a cualquier ser humano que nos cause algún daño. Las enseñanzas de este teólogo norteamericano, no son otra cosa que la interpretación del mensaje de Jesucristo, quien en los evangelios invita a perdonar, a prodigar amor al prójimo, sin importar que este nos haya causado daño. Pero no solamente los teólogos de diferentes corrientes cristianas nos enseñan la maravilla del perdón. Grandes psicólogos como el doctor Wayne Dyer, nos invita a perdonar, como principio fundamental para liberar nuestra mente del rencor, la venganza y la ansiedad. Cuando una persona perdona una falta, un error o cualquier ofensa de otra, siente en su mente (algunos dirán en el corazón) un gran descanso; es como si nos quitaran una carga de encima; y quien recibe ese perdón, siente esa maravillosa dicha porque su complejo de culpa se erradica inmediatamente de su mente. Esa es la paz interior que toda persona busca y espera encontrar en circunstancias difíciles que la vida nos presenta. Los padres debemos perdonar a nuestros hijos y estos igualmente deben perdonarnos a nosotros; en la familia debemos perdonar y buscar que nos perdonen; perdón con nuestros vecinos y con toda la sociedad.

Por eso me parece tan importante que los voceros de las farc en la Habana, reciban a familiares de las víctimas, como ya lo hicieron con algunos, y tuvieron el valor civil, la decencia, la humildad de pedir perdón. La hija de la familia Turbay Cote, manifestó que ellos habían pedido perdón con sinceridad; es decir, ella sintió, percibió en su mente (corazón) que realmente estos señores lo hicieron con un profundo sentido de arrepentimiento. Igual reciprocidad debe tener el pueblo colombiano con estas gentes que por años han hecho la guerra contra el establecimiento. No debe existir razón para el rencor, para la revancha, para no aceptar ese arrepentimiento de aquellos actores armados que han causado daño a miles de familias colombianas. Debemos creer en ese proceso de paz, debemos confiar en la reconciliación de todos los colombianos, debemos tener el heroísmo de perdonar.          

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