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7/18/2014

Hambruna en el Chocó


Santiago Villarreal Cuéllar

Es la segunda vez que los medios de comunicación descubren familias completas del departamento del Chocó, muriéndose de física hambre. Antes hacían alarde de naciones africanas, de la población haitiana durante y después del terremoto, que sufría terribles hambrunas, pero no se habían asomado a las inmensas regiones rurales y urbanas de Colombia donde familias enteras aguantan hambre. Ver primero la viga de nuestros ojos, antes de observar la paja en el ajeno. El departamento del Chocó, igual que otros departamentos colombianos, es rico en minerales, fauna, flora y claro está, un recurso humano invaluable, compuesto en su mayoría de afro-descendientes. Quizá esa sea la razón por la que el gobierno nacional y el resto de esta sociedad colombiana, insolidaria, no ve, ni ayuda a resolver los problemas de estas comunidades. El racismo en Colombia está latente y justamente por esa circunstancia se expiden leyes para tratar de minimizar este terrible flagelo.
Es vergonzoso que un país que gasta el 27% del presupuesto nacional en la guerra; que se ufana de ser el país más feliz del mundo; que llena plazas y hace desfiles, regando harina de maíz y trigo, celebrando los triunfos de la selección Colombia; que gasta millones de pesos en reinados de belleza; que tiene un congreso que absorbe miles de millones de pesos en jugosos sueldos y prebendas; que su gobierno canta a los cuatro vientos que en los últimos años la inversión extranjera se multiplicó por muchas cifras; que cacarea diciendo que el crecimiento económico es de los mejores de latino-América; que extrae petróleo, oro, carbón y muchos otros minerales, tenga hijos de patria muriéndose de física hambre. Y lo peor es que no hace nada para erradicar de raíz esta vergüenza.
El Chocó ha tenido la desgracia de tener los alcaldes y gobernadores más corruptos del país. Presupuestos completos se han dilapidado, o han ido a para a cuentas bancarias particulares, sin que ninguna autoridad nacional ponga freno a tanta injusticia. Este departamento ha sido invadido por guerrillas, para-militares, que han desalojado pueblos completos para entregar tierras y regiones enteras al servicio del narcotráfico, la minería, caza y corte de madera ilegal, y claro está, a la siembra de palma africana. A eso se suma el gobierno nacional, que ha entregado concesiones a multinacionales extranjeras para la explotación de oro y maderas finas. Durante el gobierno de Uribe, se entregaron 800 mil hectáreas a una multinacional canadiense para que explote maderas de teca, caoba, amarillo, chamú, entre otras, mientras desplazaron miles de familias para que se murieran de hambre.

      

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