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6/04/2014

Venezuela: Sanciones inmorales


Por José G. González
Los recurrentes ataques del Gobierno estadounidense contra Venezuela y la aprobación de una ley que sancione a ciudadanos venezolanos son actos de hostilidad en contra de nuestra soberanía. Los argumentos usados son falsos y esconden la intención de generar un conflicto más grave. Los senadores gringos asumen la intromisión en los asuntos internos de Venezuela como un paso para potenciar una invasión al país y así, apoderarse de los recursos naturales.

Estados Unidos no se preocupa por los derechos humanos de los ciudadanos del mundo, vive entrometiéndose en otras naciones con el único fin de obtener beneficios económicos y, además, imponer su pensamiento imperialista para esclavizar y expoliar los pueblos. Al autoproclamarse policía del orbe, intenta establecer una hegemonía que le permita intervenir cuando le provoque usando el cuento de defender sus intereses.

Cada asalto, intervención, invasión o ataque que realiza EE.UU. fuera de su territorio, genera un baño de sangre. El mayor genocida y violador de los derechos humanos es justamente Washington, pues jamás ha sentido compasión ni remordimiento por los daños causados a la humanidad. Millones de muertos, desplazados, huérfanos y heridos, suma su actitud genocida. Los “daños colaterales”, eufemismo con el que justifica sus matanzas, aumentan exponencialmente en cada invasión.

Desde hace algún tiempo la Casa Blanca y su séquito de aduladores buscan sancionar a Venezuela.

Estamos convencidos que no descansarán en sus intentos, pues disfrutan al agredir a pueblos que no comparten su ideología; junto con la oposición nacional generan zozobra e incertidumbre para inculpar al Gobierno y de esta manera, potenciar una intervención.

Los muertos de las guarimbas son responsabilidad de la derecha apátrida, gente del pueblo asesinada bajo la directriz y mandato de los imperialistas del Norte.

Continuarán los ataques al país, inventarán sanciones para atemorizar a nuestros ciudadanos, nos agredirán sin piedad; sin embargo, la inmoralidad gringa jamás pondrá de rodillas la Revolución Bolivariana.

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