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1/28/2014

Hoy puede ser tu último día


Santiago Villarreal Cuéllar

“Debemos velar noche y día, porque los tiempos del fin están cerca.” Jesús invita en los evangelios a permanecer vigilantes, porque en cualquier instante la muerte puede sorprendernos. La trágica y lamentable desaparición del doctor Sergio Younes, candidato a la Cámara de Representantes, y dos de sus acompañantes, nos hace reflexionar sobre la fragilidad del ser humano. Cuantos planes tendría este joven dirigente huilense para su futuro, lo mismo que las otras dos personas, y en un instante la tragedia traicionó esas metas. No estoy invitando a ser pesimistas y abandonar los proyectos que hayamos forjado para nuestro futuro y el de nuestras familias, sino que debemos permanecer atentos por si este es el último día de nuestra existencia.
Las diferentes corrientes de pensamiento religioso, nos invitan a comprender la muerte; para el cristianismo, el cuerpo es perecedero y solo el alma permanecerá viva hasta la eternidad, no sin antes pasar por un juicio donde se valorarán las acciones, mientras permaneció en la tierra. Para el islamismo, el alma irá al cielo, si en vida corporal realizó obras benéficas a los demás y siempre permaneció en oración con Alá. El judaísmo no cree en la existencia del alma, pero cree que el cuerpo debe guardar ciertos preceptos, y rezar noche y día. El libro de los Vedas, fuente doctrinaria del hinduismo, budismo y otras religiones orientales, creen que el alma reencarna en diferentes cuerpos vivos, en lo que se llama el eterno retorno; quizá ese pedazo de carne que comerás al almuerzo puede pertenecer al alma de alguno de estos creyentes, encarnada en una vaca. Para quienes nos acogemos a la ciencia de la biología para comprender los asuntos de la vida y la muerte, solo nos resta depositar nuestra semilla (espermatozoides) en el fecundo terreno del ovulo, donde la maravilla de la vida germinará; de esta forma nuestros genes se perpetuaran, llevando como herencia cierta parte de la alambrada de nuestra inteligencia, algunos rasgos de nuestro rostro, cuerpo y hasta algunas costumbres poco deseables.

Pero cualquiera que sea la creencia o la certeza que tengamos de la vida, existe una ley inexorable: toda manifestación de vida existente en nuestro planeta perecerá en cualquier instante, sin saber el día, la hora y las azarosas circunstancias en que llegará esa inevitable muerte. Las leyes de la química y la física, nos enseñan que la materia no perece, pero se transforma constantemente. Nuestro cuerpo, al ser constituido de materia, es perecedero y se transformará en diferentes formas que alimentarán otras manifestaciones de vida.        

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