perfil en facebook

11/19/2013

Remendando los calzoncillos


Santiago Villarreal Cuéllar

Debe prohibirse el uso de gafas negras a motociclistas y parrilleros; no, es mejor prohibir el parrillero, o ¿será mejor prohibir el conductor de la moto y dejar solo el parrillero? Bla,bla, bla. Esas son las discusiones que se escuchan en concejos de seguridad, de alcaldías y gobernaciones, convocadas cada vez que se intensifica la ola de robos, atracos, asesinatos y las diferentes manifestaciones de criminalidad en ciudades grandes, intermedias y pueblos. También se escuchan ediles, concejales y gente del común, quejarse, rasgarse las vestiduras y descargar toda la culpa en los alcaldes, pero generalmente los platos rotos los lleva la Policía. Ellos, y nadie más que ellos, son los responsables de tanta inseguridad, es la opinión generalizada. Más dinero para combustible de vehículos policiales, más dinero para recompensas, más pie de fuerza para pueblos y ciudades, pero después de unos meses todo sigue igual y la criminalidad no disminuye. Sucede que se devanan los sesos remendando los calzoncillos en lugar de comprarse unos nuevos.
Después de la década del 2000, Colombia ha tenido un incremento en los índices delincuenciales, como atracos, robos callejeros, asalto a viviendas, hurto de vehículos automotores y motocicletas. Ni la cacareada seguridad democrática del presidente Uribe logro detener el avance de la delincuencia común. Por el contrario, después de la desmovilización de los grupos para-militares, se disparó más, porque cientos de estos reinsertados no fueron resocializados, ni les cumplieron lo que le prometieron y pasaron a engrosar las filas delincuenciales. Todo posconflicto trae consecuencias si no se elaboran planes integrales de reinserción, a largo plazo.

Colombia es el país con el mayor grado de inequidad en América Latina, donde las desigualdades entre ricos, pobres, excluidos e indigentes son abismales. Sumemos a este oprobioso sistema la introducción del modelo económico neo-liberal en la década de los noventa. Una juventud excluida, hija de gente estigmatizada por la pobreza, alimentada con arroz y tinto, sin posibilidades de estudiar, sin esperanzas de un empleo digno, sin salud de calidad, no tiene la más mínima posibilidad de esperanza de vida. Esa juventud desde su niñez es adicta a las drogas (alcohol, tabaco, alucinógenos), ve telenovelas violentas desde que están en el vientre y necesitan dinero para suplir sus necesidades básicas insatisfechas, las mismas que nos habla el psicólogo Abraham Maslow. ¿Cómo conseguirlo? El camino más fácil es la informalidad o la delincuencia. Finalmente ambas son ilegales, la una porque ocupa el espacio público y la otra porque está tipificada como delito. Solución: inversión social desde los más altos estamentos estatales, hasta lo más pequeños.                

Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario