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10/31/2013

Día de los muertos


Santiago Villarreal Cuéllar
La tradición católica instituyó el primer día de noviembre, el de todos los santos; como los santos están todos muertos, pronto el común de creyentes lo asimiló al día de los difuntos; la Iglesia nuevamente tomó partido y creó el día de los muertos para la fecha dos de noviembre. Así se establecieron dos fiestas y tanto santos, como difuntos quedaron contentos; más satisfechos quedaron los creyentes que pueden dedicar un día para rezar a todos los santos y pedir los milagros que deseen y otro día para elevar a las almas de los difuntos toda clase de peticiones.
El culto a los muertos se conoce desde los fenicios, quienes enterraban a sus difuntos y adoraban sus restos. También los egipcios lo hicieron cinco mil años antes de cristo; fue tanta la devoción de esta cultura, que los faraones y personas importantes fueron momificados; ellos creían que emprendían un largo viaje y que algún día resucitarían. Los judíos de igual manera instituyeron el culto a sus difuntos; antes de enterrar a sus deudos, esta raza depila el cadáver para que no quede ni un pelo sobre la piel; luego, llenan el ataúd, conjuntamente con el cadáver, con granos de trigo, cebada, avena, arroz y después de llegar a América, también adicionan maíz; finalmente entierran de pie al difunto, pero como ellos no creen en el alma, consideran este ritual el último viaje en dirección a la eternidad. También nuestros aborígenes, Aztecas, Mayas, Chibchas, Incas, Aymaras, creían que el difunto emprendía un largo viaje y por tal razón aforaban fiambres y reliquias sagradas para que llevaran.
Los cristianos, igual que los musulmanes, creen en la existencia del alma y de un cielo para esta, o un infierno. Por tal razón, los católicos no solo rinden culto al difunto, sino también al alma de este. Para ello celebran misas para el eterno descanso y para interceder ante Dios por sus pecados. Otros cristianos opinan que la salvación del alma es en vida de la persona.



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