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9/03/2013

La astucia de la derecha colombiana


Santiago Villarreal Cuéllar
La derecha colombiana ha utilizado toda clase de estrategias maquiavélicas durante toda la historia para mantenerse en el poder y conservar sus privilegios. Desde la llamada independencia, dividió la nación entre santanderistas y bolivarianos, naciendo así los dos partidos tradicionales, liberal y conservador, que han dominado al país durante casi dos siglos. Cientos de miles de colombianos de abajo, desangraron la nación en guerras partidistas, mientras los jefes y caudillos firmaban armisticios, abrazándose en lujosos salones.
La última batalla partidista la libró el pueblo fanatizado en la década del cincuenta del siglo pasado, y el conservatismo asustado puso en el poder a un militar (Gustavo Rojas Pinilla), quien abrazó ideales progresistas y comenzó a dar al pueblo dadivas que incomodaron la derecha oligárquica. Esta utilizó entonces el lenguaje con el que califican los gobiernos que se colocan del lado del pueblo: populista y dictador. Fue preciso invocar la solidaridad de la Iglesia Católica, el otro puntal de la derecha, y convocar al pueblo para protestar. El 13 de mayo de 1957, derrocaron a Rojas, y Lleras Camargo traía consigo la fórmula recetada por el Pentágono: crearon el frente nacional, cerrando toda oposición política y se alternaron el poder durante 16 años, repartiéndose la torta burocrática milimétricamente, y claro está, todos los contratos del estado. El 19 de abril de 1970, el terror sacudió la derecha pues el ex presidente Gustavo Rojas ganó las elecciones presidenciales. Fue necesario acudir a una práctica muy común aplicada en otros asuntos: robar. Y le robaron las elecciones, no a Rojas, sino al pueblo soberano.
En las elecciones presidenciales de 1986, el candidato de la izquierdista Unión Patriótica, colocó más de 300 mil votos. Fue tanto el pánico de la derecha, que nuevamente recurrieron al asesinato. El país conoce el macabro genocidio contra los militantes de ese movimiento. En la década del dos mil, el Polo Democrático comenzó un lento avance electoral, ganando la alcaldía de Bogotá. Esta vez la derecha utilizó otro ardid: inoculó el veneno de la corrupción al alcalde Samuel Moreno, y este cayó en sus garras. Lo demás el país lo conoce.

Sin un partido de oposición fuerte, era preciso crear uno, y así lo vienen haciendo. El ex presidente Uribe, fingiendo ser opositor, funda el puro centro democrático para recoger la inconformidad del pueblo, y este se está comiendo el cuento. Vamos a ver a Uribe unido con el decadente partido conservador, y a Santos con los remanentes del liberalismo, mientras la izquierda atomizada continúa siendo un simple espectador.           

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