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5/30/2013

El fin de las farc






Santiago Villarreal Cuéllar

Las farc nacieron a principios de la década de los cincuenta, cuando Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, huyó a las montañas para proteger su vida de los “pájaros” (escuadrones de la muerte contratados por el gobierno), y conformó un grupo de autodefensas campesinas. A comienzos de la década de los sesenta, el Partido Comunista reestructuró este grupo, convirtiéndolo en guerrillas rurales. Con el correr de los años se fue fortaleciendo debido a la inconformidad de miles de colombianos, del campo y la ciudad, que sintiéndose marginados por el establecimiento, y ante la ausencia de partidos políticos de oposición, o el arrinconamiento de aquellos que surgían por parte de la clase dirigente, encontraron en este grupo su tribuna de expresión.

En la década de los ochenta, el gobierno conformó conjuntamente con algunos empresarios, grupos para-militares para combatirlas. La operación fue exitosa en algunas regiones del país. Durante el gobierno de Álvaro Uribe, fueron desalojadas de varios lugares, pero no derrotadas.

Tengo la absoluta convicción que ahora sí llegó el fin de este grupo insurgente; no porque hayan sido derrotadas militarmente, sino por medio de la vía más lógica y civilizada: el dialogo. Las conversaciones de la Habana, que comenzaron el año pasado, lograron superar su primera prueba de fuego. El domingo 26 de mayo, se firmó el primer acuerdo de la hoja de ruta, sobre uno de los más importantes temas de esta agenda como es la política agraria. Este constituye un paso trascendental para continuar las conversaciones, que seguramente seguirán su curso con mucho éxito. Pese al pesimismo de gran parte de la sociedad colombiana; a los constantes ataques de los líderes de la derecha que son partidarios de la guerra y no del dialogo; a los dardos y amenazas lanzadas por el ortodoxo Procurador General de la Nación, ha podido más la persistencia del gobierno, la voluntad de la guerrilla y al apoyo de millones de colombianos que preferimos el dialogo, la negociación, y no la guerra.




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