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1/15/2013

Retrocediendo al colonialismo



Santiago Villarreal Cuéllar
El invasor español llegó hace más de cuatrocientos años a esta tierra llamada América, con el único objetivo de buscar el tesoro del Dorado, del cual ya se hablaba en Europa. No se equivocaron los aventureros, porque desde México hasta la Patagonia Argentina, encontraron aborígenes luciendo prendas elaboradas de oro. Hoy ni siquiera sabemos cuantas toneladas del preciado metal fueron llevadas, principalmente a España, pero también a Portugal y el Reino Unido. Se desató entonces una cacería de minas y se esclavizó a los pocos aborígenes que quedaron vivos, para realizar gigantescas excavaciones en busca de oro. También la plata se convirtió en metal precioso, y aun quedan en Bolivia las famosas minas del Potosí. El principio del colonialismo americano fue minero y por todos lados no se buscó otra cosa, sino oro.
Posteriormente, ese colonialismo salvaje dejó a un lado la minería y convirtió nuestras tierras en despensas agrícolas para alimentar las naciones europeas. De aquí llevaron el cacao, el azúcar extraído de la caña, las bananas, café, solo para citar algunos productos. Después de la llamada independencia, seguimos siendo proveedores de materias primas para las grandes industrias, no solo europeas, sino de las dos naciones de norte-América, que lograron evolucionar hasta convertirse en nuevos invasores.
Pero no contábamos con que, cuatrocientos años después, retrocediéramos a la época colonial y nuestras naciones latino-americanas volvieran a ser mineras. Hace cien años se descubrió en Venezuela los primeros pozos de petróleo, y desde entonces las multinacionales saquearon ese país hasta la llegada de Chávez al poder. Pero también han saqueado el oro negro en México, Colombia, Ecuador, Argentina y Perú. En Chile han expoliado por más de cien años el cobre y solo en el gobierno de Allende, que solo duró tres años, sus compañías dejaron de saquear. En la década del cincuenta, llegaron los invasores europeos y norte-americanos a sembrar nuestros ríos de hidroeléctricas. A partir de la década del dos mil, nuestras naciones volvieron al auge del oro, la plata, el coltán y el uranio. Todos los gobiernos, de izquierda y derecha, concesionan la explotación de minas de toda clase y en todas partes. No les importa las poblaciones que por generaciones han vivido en esos lugares, ni mucho menos el terrible daño causado al medio ambiente. Solo les interesa la explotación y la expoliación de nuestros recursos naturales. Se explota de igual manera el recurso humano. Para ello flexibilizaron la legislación laboral, creando el empleo chatarra para que las multinacionales no sufran engorrosos pleitos con los trabajadores. De esta forma, latino-América ha retrocedido quinientos años de historia.     

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