Santiago
Villarreal Cuéllar
A finales de la década del
setenta, el capitán Hugo Rafael Chávez Frías formó una logia de oficiales del
ejército venezolano, adoctrinada en el pensamiento socialista bolivariano. En
1989 es reelecto Carlos Andrés Pérez y de inmediato adopta las recetas neo-liberales,
cambiando radicalmente el modelo económico de Venezuela. El 27 y 28 de febrero
de 1989, el pueblo se levanta contra el nuevo modelo y allí comienza la
desestabilización del país. El 04 de febrero de 1992, el coronel Hugo Chávez
intenta una revuelta militar, pero falla en su intento y es encarcelado. En el
segundo gobierno de Rafael Caldera, 1994 a 1999, es indultado Chávez y allí se
traza el nuevo destino de Venezuela. A su llegada al poder en 1999, Chávez
convoca una asamblea constituyente elegida por el pueblo. Esta redacta una
nueva carta política, la cual es aprobada mediante un referendo popular. Hugo
Chávez es reelegido en 1990, 1996 y 2012.
Pero a este mandato soberano del
pueblo venezolano, que se negó a adoptar el modelo económico neo-liberal; que
otorgó poder soberano para desligarse del Fondo Monetario Internacional; que
introdujo la gratuidad de la salud y la universalizó; que erradicó el
analfabetismo y proclamó la gratuidad de la educación pública hasta la
universidad; que universalizó la seguridad social para los mayores de sesenta
años; que creó un sistema de seguridad alimentaria para que las familias más
pobres no sufran hambre; que nacionalizó el petróleo y demás recursos
naturales, lo mismo que las empresas de telecomunicaciones y la electricidad. A
este gobierno emanado de la soberanía popular, la gran prensa internacional al
servicio de las transnacionales, lo llaman la dictadura chavista. Pero en
cambio, para esos medios y esas transnacionales, no son dictaduras las monarquías
europeas que por siglos han gobernado esos pueblos. Tampoco son dictaduras las
falsas democracias donde eligen sus gobernantes mediante engaño, tamales,
licor, cemento y en el peor de los casos como la colombiana, a punta de fusil,
como lo hicieron los para-militares para que votaran por Uribe. ¡No! Estas son
unas buenas democracias porque siguen el modelo neo-liberal y continúan sumisas
a los mandatos de Washington. Para los medios mediáticos de comunicación,
canales de televisión y cadenas radiales, que ni siquiera son dueños los
colombianos, este es el país más feliz del mundo, y la democracia más madura de
Latino-América. En cambio, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y
Nicaragua, están gobernadas por seres perversos, unos dictadores, y otros que
siguen el mal ejemplo. Para desgracia de estos aduladores de las
transnacionales, la dictadura chavista va para largo.
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