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8/28/2012

LA MERCADERÍA DE LAS SECTAS



Santiago Villarreal Cuellar
Si Jesucristo regresara hoy, se sorprendería de ver la mercadería que, dos mil años después de su ascensión, se desató en la tierra. En su nombre se han organizado toda clase de sectas que se disputan los feligreses para expoliarlos económicamente y someterlos mentalmente. Seguramente se armaría nuevamente de un látigo y comenzaría a expulsar esos mercaderes que explotan en su nombre, una humanidad creyente, temerosa y embrutecida. El libro de la Biblia, recopilado por el Emperador Constantino en el año 325 en el Concilio de Nicea, después de la llamada Reforma de Martín Lutero en 1527, se convirtió en piedra de controversia. Cada individuo ha interpretado este libro a su antojo y abusando de la ignorancia de los crédulos, extrae de un versículo el argumento para crear una secta. Que si Jesucristo fue Dios; que si subió a los cielos o no subió; que la Trinidad no son tres personas distintas sino el mismo Dios; que el bautismo no fue en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, sino en nombre de Jesús. Todas esas bagatelas han dado pie para que unos avispados interpreten, prediquen, contradigan y funden sectas.
En lo relacionado con el diezmo, que no corresponde al Nuevo, sino al Antiguo Testamento, sí que están de acuerdo todas las sectas. Lo fundamental y más importante para los pastores son los diezmos, primicias y ofrendas, sin lo cual ninguna secta subsistiría. Diezmos que la mayoría de estas sectas destinan para el pastor, pues dicen ellos que el obrero vive de su paga.
Desde los años treinta del siglo pasado, América Latina empezó a ser bombardeada con la llegada de sectas provenientes de los Estados Unidos. La guerra fría y la lucha contra el comunismo internacional, hizo que el gobierno de ese país y su servicio de inteligencia, la CIA, financiara misioneros, profetas y pastores, para que llegaran a los más remotos pueblos de la geografía de nuestras naciones. Su misión: convertir estos pueblos, en su mayoría analfabetas, a las nuevas creencias, fomentando en sus mentes el fanatismo y el odio a cualquier clase de cambio y progreso que se vislumbrara. Le inculcaron en su psiquis que el sufrimiento y la pobreza constituía el camino perfecto para lograr el cielo. Les han hecho creer que no importa el sufrimiento en la tierra, si después de la muerte gozaran eternamente en el más allá. Con el correr de los años, la mayoría de esas sectas se independizaron y se dividieron en otras. En la actualidad, existe una gran cantidad de sectas criollas y cada día nace otra nueva.        

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