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7/07/2012

EL PECADO DE SER GAY


Santiago Villarreal Cuéllar
El pasado 28 de junio, el mundo celebró el día del orgullo gay. Grandes y  apoteósicas manifestaciones en las grandes ciudades, realizaron quienes han optado por este comportamiento sexual. Paradójicamente en las naciones occidentales, que se han ufanado de ser modelos de la civilización, es donde más se ha perseguido esta minoría. La dominación por cerca de ochocientos años del Imperio Sacro Romano, condenó a muerte a todo aquel que asumiera este vicio pecaminoso. Irónicamente, el cristianismo que dignificó la vida humana y proclamó la igualdad entre los hombres, predica que los homosexuales no heredarán el cielo, condenando así a maricas y lesbianas a quemarse eternamente en el infierno.
El advenimiento del humanismo en el siglo XVIII, comenzó a reconocer algunos derechos a estos grupos. Pero debieron pasar casi trescientos años para que esos derechos empezaran, tímidamente, a ser una realidad. La mayoría de naciones occidentales reconocen ciertos derechos a los gay, y en unos pocos se ha llegado hasta aprobar el matrimonio civil. Solo tres naciones permiten la adopción de niños a parejas del mismo sexo. Sin embargo, las tres grandes religiones monoteístas que dominan el escenario mundial, siguen considerando los homosexuales como pecadores, viciosos, que practican cosas contra la naturaleza y merecedores del infierno. Algunas sectas los han acogido, pero más por interés económico que espiritual.
No obstante el reconocimiento de plenos derechos en la mayoría de países europeos y americanos, ser gay es sinónimo de diferente, persona rara y continúa siendo estigmatizado por la sociedad heterosexual. Constantemente se ven en la obligación de recurrir a acciones de tutela para proteger sus derechos. Hace tres años, en un barrio residencial de la ciudad de Lima, ganaron un derecho de amparo para permitir que varios bares gay siguieran funcionando. En Pitalito Huila, las autoridades, a petición de la comunidad, cerraron un bar gay que apenas hacía tres días se había inaugurado, mientras  por la misma acera, continúa abierto otro bar pero heterosexual. Este no ofende a la comunidad. ¡Vaya hipocresía!     

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