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6/14/2012

TEORÍA DEL EMPRENDIMIENTO



Santiago Villarreal Cuéllar
A finales de la década de los noventa, algunas universidades públicas y privadas de nuestro país introdujeron la cátedra del emprendimiento. El servicio Nacional de Aprendizaje SENA, también lo enseña a sus alumnos. Esta teoría del emprendimiento es una rama de la teoría de la motivación; concepto desarrollado y propuesto por el sicólogo norteamericano Abrahán Maslow, a principios de la década de los sesenta del siglo pasado. Pero la teoría propuesta por Maslow, consiste en estimular la mentalidad de los humanos que hayan superado cuatro necesidades básicas a saber: alimentación, vestuario, techo y buena calidad de salud. Esto es igual a una buena calidad de vida. La teoría de Maslow por lo tanto, no es valida para los países tercermundistas como el nuestro. Sin embargo, surgió una multitud de sicólogos y sociólogos, que mesclaron la teoría de la motivación con las teorías de la metafísica expuesta por Krisnamurti. De allí surgió la teoría del emprendimiento, consistente en inculcar a los estudiantes, (especialmente jóvenes) que deben tener una mentalidad empresarial, antes que buscadores de empleo. Al alumno se le infunde un optimismo excesivo, una fe inquebrantable, ilusionándolo con la idea que el deseo, la fe y la esperanza, son suficientes para triunfar. Los egresados salen pensando en grande y se sienten todos unos empresarios. Es algo así como un pobre con mentalidad de rico.
Pero, ¿dónde termina la ficción y comienza la realidad? No bastan los conocimientos adquiridos ni el optimismo para emprender. El complemento para un nuevo emprendedor es tener un capital semilla. Y es aquí donde empieza la realidad. Un país con un modelo económico basado en el neo-liberalismo salvaje y especulador, donde el monetarismo prima sobre las demás formas de capital, no es apto para el nuevo emprendedor. Los bancos no prestan dinero a los emprendedores, sino a quienes tienen una prenda de garantía. El nuevo empresario-teórico, se estrella con una triste realidad basada en las leyes del mercado. Termina con su cartón debajo del brazo, con su mente llena de sueños, esperanzas frustradas y tristemente se ve obligado a buscar la ayuda de un politiquero de turno para que le consiga un empleo, generalmente chatarra.
Para quienes dudan lo que estoy afirmando les pregunto: ¿cuántos estudiantes universitarios egresados en los últimos años, de mentalidad empresarial y emprendedora, son grandes empresarios? ¿Cuántos egresados del SENA de los últimos años han creado industrias y empresas? ¿Dónde están esos cerebros optimistas y emprendedores? ¿En dónde están ubicadas las grandes industrias y empresas fundadas por los nuevos emprendedores? Me temo que esta teoría, es otro fracaso de nuestro sistema educativo.   
          

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