Por Santiago Villarreal Cuéllar
El 23 de noviembre de 2010, se publicó en italiano y alemán, el libro de entrevistas al Papa Benedicto XVI, titulado "La luz del mundo," del periodista alemán Peter Seewald, que sin duda servirá de base para realizar profundas reformas doctrinarias dentro de la Iglesia Católica Romana.
Quizá la más trascendente de las declaraciones del Sumo Pontífice, es la que admite el uso del preservativo "en ciertos casos."Esta afirmación constituye una verdadera revolución (si se me permite el término), frente a los postulados de los anteriores jefes de una de las más grandes e influyentes religiones del planeta.
Agrega el Santo Padre, que el fin del uso del condón es el de: "reducir los riesgos de contaminación," lo que sin duda es la voz misma de la Iglesia y seguramente abrirá el debate para que en próximas encíclicas papales o a lo mejor en un Concilio, la dogmatica doctrina del catolicismo cambie su postura frente a temas tan humanos como la sexualidad.
Esto constituye un verdadero triunfo para quienes siguen al pie de la letra los dogmas católicos, lo mismo que para los millones de seguidores que posee en el mundo y en especial en latino-América, donde su influencia continua siendo decisiva en la cultura de estos pueblos. Pero lo más significativo, es que esta actitud de la Iglesia, contribuirá sin duda a reforzar la lucha contra las enfermedades de transmisión sexual (sífilis, venéreas y sida), que con el uso del preservativo se pueden prevenir y ni que decir de sus virtudes anticonceptivas. Además, esta posición doctrinaria comienza a humanizar la sexualidad, la cual siempre ha sido calificada como pecaminosa por parte de la Iglesia.
Pero el giro dado por el Sumo Pontífice, no es gratuito, ni terminará con la aceptación del simple uso del condón. El escándalo de los sacerdotes pederastas (aunque apenas son el 0,2%), que supuestamente han abusado sexualmente de menores de edad, al cual los medios masivos de comunicación le han dado un despliegue descomunal, ha originado la desbandada de cientos de miles de católicos a otras sectas, amerita un cambio que genere simpatía a los feligreses y a la comunidad mundial en general.
Y me atrevo a predecir que con esta postura, el Santo Padre le está abriendo el camino a una discusión mucho más profunda dentro de la doctrina de la Iglesia, como lo es el celibato de los sacerdotes. No cabe duda, que para sanar las heridas de los curas que se enamoran de niños del mismo sexo, aprobar el sagrado sacramento del matrimonio para todos los sacerdotes, colocará a la Iglesia en los mismos cimientos de las congregaciones protestantes que surgieron después de la Reforma de 1530, promulgada por Martín Lutero y en el mismo peldaño de las otras corrientes religiosas monoteístas de Occidente.
Bienvenidos todos esos cambios que Benedicto XVI ha comenzado a ventilar, lo cual parecía imposible, pues según algunos analistas este era mucho más conservador que su antecesor. Pero las azarosas circunstancias por las que atraviesa esta milenaria religión, obligan a realizar reformas que permitan su perpetuación por otros mil años.
SANTIAGO VILLARREAL CUELLAR
http://nuevaera66.blogspot.com/







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