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3/10/2016

La risa de las brujas


Santiago Villarreal Cuéllar

En las oscuras y calurosas noches, a veces lluviosas de la región caribeña colombiana, específicamente en los departamentos de Córdoba, Súcre y Bolívar, encima de las cubiertas de paja de las casas de bahareque se oyen carcajadas de mujer: ja ja ja ja ja…. o a veces: je je je je je…. y en muchas ocasiones más agudo el sonido: ji ji ji ji…. son las brujas, dice camándula en mano la anciana abuela de la familia; recemos el Santo Rosario, agrega, mientras todos se levantan asustados y los niños medio dormidos no atinan adivinar el temor de sus familiares. Con la veladora encendida frente al altar, comienza el murmullo de aves marías, padres nuestros y los misterios del Rosario. Mientras rezan, cesa la riza, y se escucha el vuelo como de un ave gigantesca que estremece la vivienda.   

También en las frías montañas de los departamentos del Cauca, Caldas, Risaralda y Valle, en noches oscuras, cubiertos de neblina los techos de las casas, se escuchan similares carcajadas. Allí también sus moradores encienden la vela bendita, las mujeres buscan debajo de las camas el agua bendecida el viernes santo y empiezan a rociar las habitaciones; con crucifijos en sus manos hacen cruces al aire mientras rezan: que salga el mal y entre el bien, como entro Jesucristo a Jerusalén. La bruja emprende su vuelo haciendo un estruendoso ruido que amenaza destruir la vivienda.

Todas estas leyendas sobre la risa de las brujas circula de forma oral en los labios arrugados de ancianas que cuentan hazañas sobre esos extraños seres de la cuarta dimensión, que vienen aterrorizando al mundo desde la edad media en Europa; y con la llegada de los españoles a nuestras hermosas tierras, no solo se difundió por todas partes, sino que se fusionó con las leyendas de los aborígenes que nos cuentan las historias de hombres y mujeres que desdoblaban sus cuerpos convirtiéndose en animales, entre ellos en aves como las brujas.         


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