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2/29/2016

Compulsivos al juego


Santiago Villarreal Cuéllar

Diariamente los casinos de ciudades se llenan de gente que llega a depositar monedas a las máquinas para sacar un premio; bingos con salones llenos de personas jugando en espera de ganarse el premio gordo. Pero también juegan cartas, ruleta, dados y toda la amplia gama de juegos inventados por el hombre a lo largo de la historia. Algunas personas van a estos sitios de vez en cuando, esos se llaman jugadores sociales; otros lo hacen cada ocho, cinco o menos días, estos ya pueden considerarse jugadores en vías de compulsión; y están quienes diariamente, sin falta ninguna, ocupan un puesto en el casino. Existen personas que juegan una sola tabla del bingo y no permiten que otras usen la misma; estos rayan con la paranoia compulsiva. 

Los jugadores como los bebedores de alcohol consideran “normal” su enfermedad y aunque pierdan constantemente cantidades de dinero, insisten en que un día recuperarán esas pérdidas. La compulsión al juego es una patología psicosomática que casi nunca es aceptada por el paciente. Un jugador compulsivo difícilmente acepta que está enfermo y necesita tratamiento. Aunque su familia trate de disuadirlo para que deje de jugar, no lo hará porque su mentalidad está inmersa en la enfermedad. A diferencia de los alcohólicos, adictos a las drogas, al cigarrillo y farmacodependientes, que pueden recibir desintoxicación, continuar un tratamiento terapéutico y farmacológico, el proceso para los compulsivos al juego debe iniciarse en el consultorio del psiquiatra. La psicología se queda corta para tratar esta patología, especialmente hoy cuando nuestros psicólogos no se especializan en patologías clínicas, sino que se quedan con el solo título que no sirve para estos casos.

¿Cómo hacer para tratar un jugador compulsivo? No es fácil. El primer paso consiste en que el enfermo acepte su condición y permita someterse a tratamiento. Además, en nuestro país no existen clínicas especializadas para tener estos pacientes y deben recibir tratamiento en aquellas destinadas para atender todos los enfermos mentales. El compulsivo termina asustado.     


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