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2/02/2016

Celebrando 15 años de despilfarro


Santiago Villarreal Cuéllar

Con bombos y platillos los presidentes colombiano y de Estados Unidos, lo mismo que ex presidentes celebrarán 15 años del Plan Colombia. Desde 1999 se empezó a implementar un sistema de financiación que pudo sacar nuestra nación del atraso y el subdesarrollo. En su momento se llegó a comparar con el Plan Marshall que reconstruyo la Europa de la segunda guerra mundial. Y se hubiera logrado sino fuera porque mientras allá se invirtieron los recursos honesta y austeramente, aquí se gastaron entre políticos y miliares corruptos que aprovecharon la bonanza para llenar sus faltriqueras. Verdad es que algunas acciones fueron fructíferas. Pastrana implementó Empleo en Acción que consistió en generar empleo temporal a familias marginadas para pavimentar calles en pueblos y ciudades. Fue bueno porque las personas se ganaban su dinero con el sudor de su trabajo y empleaban mejor sus modestos ingresos. Cuando se consiguen los recursos con esfuerzo se valoran más que cuando se adquieren de la nada. También dio comienzo a Familias en Acción, pero este último programa ha sido un fracaso porque no soluciona el problema de la pobreza de forma estructural. Es un simple paliativo mediático que apacigua momentáneamente algunas necesidades básicas, pero no genera prosperidad a las familias.  

Fue la bicoca de 8.000 millones de dólares que se gastaron en planes absurdos; un ejemplo: Plante y Pa’lante, un programa que pretendió sustituir los cultivos de coca en diferentes regiones del país. Ese dinero fue como tratar de llenar un costal con agua. Sospecho que decenas de millones, sino cientos, fueron a parar a cuentas personales de paraísos fiscales de los dirigentes de turno. La inversión en las fuerzas armadas fue gigantesca y permitió convertir al ejército en uno de los mejores de latino-América, parecido a las fuerzas especiales de Estados Unidos, incluyendo modernos aviones y helicópteros. Con una diferencia, mientras los americanos ganan batallas y guerras, aquí, ni se derrotó las guerrillas, ni mucho menos se erradicó el narcotráfico, como fue uno de los programas del Plan. Las primeras cambiaron de estrategia y se escondieron; y los cultivos ilícitos nadie podrá acabarlos mientras sean rentables y existan consumidores, es decir, mientras el ser humano viva en la tierra.


Quedan dolorosos recuerdos del Plan; falsos positivos, desapariciones forzadas, tortura y ejecuciones extrajudiciales ocasionados por una fuerza pública que desde las altas esferas recibió instrucciones criminales. Un país polarizado por una derecha extrema que sigue creyendo en una solución guerrerista. Después de tanto despilfarro, por fin llegó la solución negociada; la misma que hace años debió implementarse para ahorrarnos odio y ríos de sangre.        

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