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8/21/2015

Desaparecidos


Santiago Villarreal Cuéllar

En la década de los sesenta, el Pentágono diseñó un macabro plan para los países latinoamericanos, consistente en detener el avance del comunismo en el hemisferio; el triunfo de la Revolución cubana, puso en alerta al país del norte y para evitar otro Fidel Castro, entrenó militares de las naciones mencionadas para atacar toda insurrección contra el establecimiento existente en la región. Dentro de estas crueles estrategias, macabras, violatorias de todos los derechos fundamentales del ser humano, aconsejó la desaparición forzada de personas que incitaran cualquier movimiento contestatario; cientos de miles de personas han sido desaparecidos en todo el continente; la mayoría de ellas fueron sometidas a despiadadas torturas, antes de ser asesinadas y desaparecidas; las formas de desaparición van desde arrojarlas al mar, hasta calcinar sus cadáveres para no dejar vestigios que comprometieran a sus determinadores y asesinos materiales; las practicas fueron realizadas por los gobiernos militares, pero también por aquellos llamados democráticos, entre ellos Colombia.
En nuestro país la desaparición forzada la han aplicado agentes del estado, grupos guerrilleros, para-militares, y la delincuencia común; a buena hora la Constitución Política de 1991, consagró este horrible delito como crimen de lesa humanidad; quiere decir que las investigaciones y condenas contra los determinadores y autores materiales nunca precluye, y en cualquier tiempo podrán ser llevados al banquillo de los acusados.

Somos cientos de miles las familias colombianas que hemos padecido la desaparición forzada de un familiar; es el crimen más cruel que cualquier ser humano puede padecer, porque los familiares nunca nos recuperamos de esta tragedia; el dolor causado por la incertidumbre es lento, profundo y eterno. Un viernes 23 de agosto de 1991, mi hermano José Lizardo Villarreal Cuéllar, fue desaparecido por secuaces que se lo llevaron a la fuerza; hubo determinadores, y hubo criminales que se ganaron un puñado de dinero para llevar a cabo el macabro plan. Todos los días lo recuerdo con dolor, y cada 23 de agosto, rendimos honor a su memoria; para mí no ha muerto.      

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