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7/28/2015

La necesidad de afecto


Santiago Villarreal Cuéllar

Hace veinte años una canadiense experimentó con algunas plantas ornamentales; puso diez macetas con geranios, sembrados el mismo día; diariamente regaba las plantas, pero acariciaba cinco de ellas; les hablaba, consideró estas plantas como seres vivos y estrechó una relación afectiva; a las pocas semanas observó que las cinco plantas que recibían caricias y palabras agradables, empezaron a crecer rápidamente y florecieron, mientras las cinco restantes que solo recibían agua, no evolucionaron con la misma velocidad. Conclusión: todos los seres vivos somos receptivos a las manifestaciones de afecto y cariño que prodiguen los humanos. Los animales nos brindan ejemplo de afectividad; observe cómo la vaca lame su hijito, la yegua su potrillo, las aves cobijan con sus alas y delicadeza sus crías; las perras lamen sus cachorros; así sucesivamente la mayoría de los animales prodigan afecto a sus hijos; y muchos animales nos brindan afecto a los humanos, o dígame usted ¿quién sale primero a recibirlo, sus hijos o su perro?  
Si las plantas y los animales estimulan su autoestima al recibir afecto, ¿qué podemos decir los humanos? La necesidad de afecto está presente en todos los seres vivos, y más aún en los humanos que poseemos una corteza cerebral más evolucionada que la del resto de seres vivientes. Toda persona, de toda edad, necesita una buena dosis de afecto; este se prodiga abrazando calurosamente, acariciando, realizando masajes suaves, tocando la piel, apapachando, y expresando palabras agradables. Pero cuidado; todas esas expresiones afectuosas deben salir de adentro, del corazón dicen los románticos; yo diría que debe ser un afecto sincero, sin hipocresía, desprendido de algún interés. No debemos confundir el afecto con la pasión; esta última puede ser el resultado del afecto entre parejas, donde esa manifestación afectuosa viene acompañada de besos y complementada con una relación genital. Principalmente debemos prodigar mucho afecto a los niños, especialmente a nuestros hijos; pero también debemos brindar afecto a los ancianos y a los enfermos. Una dosis de afecto, estimula más que mil pastillas.    


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