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4/07/2015

El legado de Carlos Gaviria



Santiago Villarreal Cuéllar

“El considerar a la persona como autónoma tiene sus consecuencias inevitables e inexorables, y la primera y más importante de todas consiste en que los asuntos que solo a la persona atañen, sólo por ella deben ser decididos. Decidir por ella es arrebatarle brutalmente su condición ética, reducirla a la condición de objeto, codificarla en medio para los fines que por fuera de ella se eligen.” Este constituye uno de los apartes de la ponencia del maestro Carlos Gaviria Díaz, sustentando la Sentencia  C 221 del 05 de mayo de 1994, por la cual se tuteló el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad consagrado en el artículo 16 de nuestra Carta Magna; dicha Sentencia tuteló el derecho de un ciudadano para portar y consumir la dosis mínima de una substancia estupefaciente, permitiendo  así que cada persona sea libre para decidir sobre si consume o no substancias tipificadas como prohibidas. Esta quizá fue la posición que causó más controversia en un país cuya mayoría profesa un pensamiento retrogrado y rígido, frente a temas que deben abordarse desde la perspectiva científica del derecho, y la sanidad. 

El humanista, el jurista, el profesor, el magistrado, el hombre libre pensador que era Carlos Gaviria, fue defensor acérrimo del derecho a la libertad. Conocedor del derecho, sabía que después de la vida, la libertad constituye el segundo derecho fundamental que todo ser humano debe conservar y defender. La libertad de pensamiento, de conciencia, libertad para decidir, incluso aspectos personales que están sujetos a prohibiciones legales, pero que el ser humano por principios es libre de hacer o actuar; libertad para que la mujer decida sobre si debe o no tener ese feto que lleva en sus entrañas, y que solo a ella atañe; libertad para vivir y libertad para morir, porque si un ser humano en determinado momento considera su vida como una carga, es libre de cortarla (suicidarse). En el ámbito de las ideologías políticas, Carlos Gaviria perteneció en las definiciones ambiguas, a un pensador liberal, sin confundirlo con aquellos miembros de dicho partido, o se califican como tal, pero que en pensamiento y actuación son más retrógrados que los mismos conservadores. Por esa razón, el maestro no se matriculó en ese partido y decidió hacerlo en uno de izquierda, porque consideró que para garantizar plenamente el derecho a la  libertad, es necesario gozar de otros derechos sociales como el de la salud y la educación gratuita hasta la universidad; el derecho a un techo digno y a una seguridad alimentaria que garantice una buena calidad de vida del individuo.               


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