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3/18/2015

El origen de la vida


Santiago Villarreal Cuéllar

En su periplo por el centro y sur del Huila, el escritor Wiliam Ospina disertó sobre un tema de mucha actualidad, como es el agua. En su brillante exposición en varios foros, el autor de “Pa’ que se acabe la vaina” y “El país de la canela,” entre otras obras, se remontó a nuestras culturas ancestrales para entender sobre la importancia del agua en nuestro planeta. Todas las culturas sabían, dijo Ospina, que el origen de la vida fue causado por la presencia del agua. Lo que la ciencia moderna descubrió sobre la estrecha relación del agua con las diferentes manifestaciones de vida, ya lo exponía hace siete mil años el filósofo griego Tales de Mileto. Por esa misma razón los científicos buscan afanosamente la existencia de agua en algún planeta del sistema solar y sus lunas. Ellos saben que la presencia del agua es un claro indicador de la presencia de alguna forma de vida. No obstante, hasta la fecha no existe ningún planeta o luna conocida, que reúna las condiciones existentes en la tierra para que pueda haber alguna clase de vida, similar o parecida a la nuestra. Solo la tierra es el único planeta del sistema solar, y de otros sistemas de esta galaxia, que por accidente, dirían los científicos, o por un milagro, dirían los místicos, posee unas condiciones excepcionales para albergar diferentes formas de vida conocidas hasta ahora. Pero ese accidente o milagro, se debe a la presencia del agua; sin ese vital elemento no hubiera sido posible semejante maravilla.

Si el agua es la causa de nuestra existencia, su conservación es indispensable para que continúe la prolongación de la misma. Por esa necesidad, diferentes grupos de la sociedad civil se están gestando en distintas regiones del país para defender este vital elemento; que no debe ser considerado como un simple elemento, dijo Wiliam Ospina, sino como la fuente sobre la cual recae la continuación de la existencia de las diferentes formas de vida. Nos parece indispensable sumarnos a una causa tan noble y necesaria como es la defensa del agua, fuente suprema de vitalidad. Ningún ser humano pensante, civilizado, desprovisto de ambiciones egoístas, debe ser ajeno a la inmensa responsabilidad que debe asistirle para ayudar a defender la vida, y por ende el agua como origen, y conservación de la misma. Se hace necesario fortalecer estas organizaciones sociales, sumándonos todos para impedir la enajenación de nuestras cuencas hidrográficas que las diferentes empresas trans-nacionales codician para lucrarse económicamente sin tener en cuenta que ello traerá a futuro una lenta culminación de la vida.          

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