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10/04/2014

El secreto del Tunjo


Santiago Villarreal Cuéllar

El Tunjo es una leyenda aborigen conocida en las regiones cundi-boyasense, Tolima y Huila. Los Chibchas hablaban del Tunjo, pero también lo hacían los Pijaos, cuya cultura poseía dicha leyenda. Pudo tratarse de un dios, un espíritu, o podía ser un chamán  que se transformaba en bebé. Es bueno recordar que en estas comunidades aborígenes muchos seres humanos, mujeres y hombres, poseían el poder de transformar su cuerpo en una acción conocida en términos exotéricos como desdoblamiento, cuerpo astral o pasar a una cuarta dimensión; en estos desdoblamientos muchos chamanes asumían cuerpos de animales, monstruos extraños, o cambiaban de físico. En las esculturas labradas en piedra encontradas por arqueólogos, se pueden evidenciar formas de animales en algunas de ellas, pero también con una figura humana incrustada en la misma.  
El Tunjo es un muñeco de oro, o mejor, un bebé que se convierte en una verdadera mina de oro. Según la leyenda sincretizada por el cristianismo católico, se trata de un bebé recién nacido que llora en cualquier camino al paso de un transeúnte. Cuando el caminante escucha el llanto del niño, se detiene para observar el lugar de donde proviene y al encontrar al bebé, lo recoge. Cuando el niño ve a la persona que se acomide a auxiliarlo, aumenta su llanto, despertando más ternura y sentimientos de aprecio por parte del transeúnte. Tan pronto lo toma en sus brazos, el bebé comienza a hablar como si fuera un adulto, sus dientes crecen, lo mismo que sus uñas, arañando y mordiendo al cuidador. Se transforma en el mismísimo diablo. El secreto consiste tomarlo en los brazos, coger su manita derecha y santiguarlo en el  nombre del padre del hijo y del espíritu santo; en el acto, el bebé se transformará en un brillante muñeco de oro. Pero este muñeco continuará vivo y es preciso llevarlo para la casa, buscar un lugar para tenerlo, alimentarlo, porque el muñeco come, y cada bollito de excrementos que defeque diariamente será uno bolita de oro.    


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