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5/31/2014

Espíritus del agua


Santiago Villarreal Cuéllar

Cuando tomas un sorbo de agua, estás absorbiendo espíritus contenidos en las moléculas de este precioso líquido. Igual sucede cuando te bañas en la ducha, una alberca, la piscina, río o quebrada; no solo lavas tu cuerpo, sino que un cúmulo de espíritus acaricia tu piel sin darte cuenta. Claro, usted no sabe que este precioso elemento llamado agua, responsable del origen de todas las formas de vida existentes en nuestro planeta, posee espíritus elementales, solo vistos por mentes clarividentes,  por niños inocentes y los animales, quienes ven y perciben estos elementales invisibles. Por esta razón, muchas veces vemos algún perro latiéndole a un río, quebrada, o laguna, y nos preguntamos: ¿acaso se volvió loco? Las aves multicolores se bañan en pequeños charcos y sus diminutos ojos ven estos espíritus elementales, pero no se asustan pues desde su nacimiento están acostumbradas a verlos.
En la cultura griega estos elementales del agua se conocían con el nombre de Ondinas y Nereidas, pero mucho antes, la cultura Celta del norte de Alemania y países escandinavos, adoraban estos seres, cuyo culto tiene origen en la religión nórdica, siendo Odín o Wotan su principal jerarca, o dios. También nuestras culturas ancestrales, Aztecas, Mayas, Chibchas, Incas, Araucanos, Mapuches, Guaraníes, rendían culto al agua, no solo porque la consideraban la madre de la vida, sino porque ellos podían ver y percibir estos espíritus elementales. En la cultura Azteca y Maya, Tláloc se llamaba el dios de las aguas; cuando ocurrían largas sequías, los aborígenes realizaban el ritual sagrado del agua, invocando a Tláloc, y casi que de inmediato llovía. En la altiplanicie de Cundinamarca, concretamente en la laguna de Guatavita, los Muiscas también  celebraban el ritual sagrado del agua, arrojando oro en polvo a la laguna para obtener buenas cosechas y agradecer la fertilidad de hombres y mujeres.
Nosotros deberíamos regresar al culto del agua, no contaminando los afluentes de ríos y quebradas; tomando racionalmente la necesaria y agradecer diariamente a las Ondinas y Nereidas ese precioso regalo.      


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