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2/15/2014

Genocidio en la Macarena


Santiago Villarreal Cuéllar

El municipio de la Macarena Meta, un hermoso pueblo de gentes laboriosas, en su mayoría de colonos agricultores que se desplazaron de otras regiones colombianas, unos por la violencia y otros por la pobreza, fue epicentro entre los años 2006 y 2009, del más grande genocidio que se tenga historia en Colombia.

Al cementerio de la localidad, comenzaron a llegar cadáveres de diferentes regiones vecinas, y algunas no tan cercanas, todos asesinados entre esos fatídicos años mencionados. 

Todos esos muertos, de ambos sexos y de otros géneros sexuales, eran llevados y enterrados por hombres del Ejército de Colombia, y en su gran mayoría enterrados como simples n.n. 

El macabro descubrimiento lo hicieron algunas O N G internacionales y el periodista del canal venezolano Telesur, Holman Morris, realizó las primeras imágenes que recorrieron el mundo. Pronto los campesinos y familiares de cientos de esos desaparecidos, comenzaron a hablar y denunciar la terrible hola de terror, patrocinado por las fuerzas del orden.

Fue tanta la cantidad de cadáveres encontrados en ese cementerio, que no existen estadísticas reales del número de asesinados. Lo que sí se sabe, es que esos terribles hechos tuvieron lugar en los primeros seis años del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, y cuyo ministro de defensa era el hoy presidente de la república, Juan Manuel Santos Calderón. 

Por eso, el llamado gobierno de la seguridad democrática, también conocido como la Era del Terror, que presidieron estos dos siniestros personajes, tendrán que dar cuenta algún día, no solo al país, sino a la justicia penal internacional por el genocidio más grande de la historia colombiana.

Uribe y Santos, el primero quien aspira ser senador y el segundo que aspira a ser reelegido, deberán responder por estos crímenes de lesa humanidad. Ahora juegan, el uno a la oposición invocando de nuevo regresar a los genocidios patrocinados por el estado, y el segundo finge negociar la paz con la guerrilla para dividir el país y hacer creer que los dos son diferentes. Ambos son genocidas y ambos han violado sistemáticamente los derechos humanos en sus mandatos.

Corresponde al pueblo colombiano, creer en las mentiras de estos macabros cerebros del mal, o darles un veredicto en las urnas para no permitir que continúen destruyendo vidas humanas con todo el poder del estado.
  

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