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1/31/2014

¿Porqué hay homosexuales?



Santiago Villarreal Cuéllar

La mayoría de la gente, generalmente heterosexuales, interrogan, por qué existen hombres que gustan de otro hombre. Inclusive, muchos homosexuales se han preguntado alguna vez, el porqué de su situación. Esta pregunta ha existido durante toda la historia de la humanidad. Por supuesto que no han faltado las respuestas; antes del advenimiento del cristianismo, era natural ver en Grecia, hombres mayores teniendo relaciones amorosas con mancebos; otro tanto sucedía en la Roma de los emperadores, donde era común ver los hombres que decidían el destino del eurocentrismo, tener como amantes a jóvenes de su mismo sexo; y para que no crean que esto sucedía solo en la cuna de la civilización, y en la madre de la democracia, en el nuevo mundo, cuando llegaron los invasores españoles, encontraron “algunos hombres haciendo de mujeres,” en cuanto a sexo se refería; en las regiones asiáticas, dominadas por el hinduismo, ha sido natural hasta nuestros días ver hombres amancebados con otros hombres.
Después que el emperador Constantino, impusiera el catolicismo en el Sacro Imperio Romano, se empezó a aguar la fiesta, porque estas prácticas homosexuales tan comunes, se convirtieron en un sacrilegio. Hasta nuestros días, todas las corrientes religiosas cristianas, consideran la homosexualidad pecaminosa. El mismo criterio adoptó hace más de 700 años el islamismo, y cinco mil años atrás, el judaísmo opinaba lo mismo. Desde esos maravillosos siglos, hasta nuestros días, siempre se mira como bichos raros a estos hombres que se gustan unos con otros. Muchos fundamentalistas son de la opinión de que esas prácticas pecaminosas son heredadas de Sodoma y Gomorra. Otros más sabios, creen que puede ser la encarnación de satanás. Y otros modernos, seudocientíficos, culpan a la carne de pollo como la causante de tanto homosexual.
Para finalizar diré, que el origen de la homosexualidad, está ligada a la misma sexualidad. Toda la piel del ser humano es sexuada y el placer palpita en cada milímetro de la misma, sin distinguir género. Existe allá, en lo más recóndito de la mente.    


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