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12/23/2013

Nacimiento del gran humanista


Santiago Villarreal Cuéllar

Cada 24 de diciembre queman cohetes, regalan juguetes a los niños, se prepara la cena de nochebuena, beben, comen y bailan; en muchos hogares se reemplazó el tradicional pesebre cristiano por el anglosajón árbol de navidad y papá Noel, que nada tienen que ver con el cristianismo. El 25 amanecen enguayabados y se van al río, o continúan bebiendo y bailando; así celebramos los latinos la Navidad, o lo que se conoce en la tradición cristiana como el nacimiento de Jesús.
Se nos olvida que Jesucristo fue un gran humanista, que cambió la cultura del pensamiento occidental; a diferencia del Jehová de los hebreos, un dios vengativo, amante de las guerras y destructor de naciones, Jesucristo es el dios del amor, la caridad, el perdón y la tolerancia. Por tanto, para Jesucristo la paz empieza en el corazón y la mente de cada uno de nosotros, extendiéndose al resto de la sociedad y la nación; es bueno reflexionar en estos tiempos en que Colombia pasa por un momento histórico de negociaciones entre gobierno y guerrillas; las oraciones de los creyentes deberían enfocarse pidiendo por la paz y la reconciliación de los colombianos.  Para Jesús, la vida es el principio de todas las cosas, exaltando ese valor inmenso y condenando toda forma de violentar la existencia; parar la violencia es de cristianos para continuar cultivando ese valor que constituye la vida como máximo regalo de la divinidad. La igualdad de las personas es el otro edificio sobre el que cimentó Jesús su doctrina; nadie es más importante que otro, porque todos nacemos del mismo dios y todo cuerpo perece; es una buena reflexión para los soberbios, orgullosos, pero sobre todo para quienes detentan el poder político, especialmente para aquellos que se sienten todopoderosos; también para quienes poseen más fortuna que otros y se creen los dueños del mundo. Perdonar es otro precepto cristiano; aquí está encerrada la doctrina de la tolerancia sin la cual no puede existir civilización, ni convivencia entre las personas. No juzgar para no ser juzgados y mirar primero la viga de nuestros ojos, antes de ver la paja en el ojo ajeno; sí que nos gusta juzgar a los demás y hacer juicios de responsabilidades, sin ni siquiera conocer motivos o causas.
Jesús nos dio una gran lección cuando perdonó a María Magdalena, la prostituta; hoy muchas iglesias mal llamadas cristinas continúan persiguiendo y satanizando prostitutas, alcohólicos, drogadictos, homosexuales, lesbianas, creyendo ser salvos solo ellos; Jesucristo no nació para perseguir a nadie, sino para perdonar y salvar la humanidad.  

       

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