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8/01/2013

La Candileja


Santiago Villarreal Cuéllar
Hace varios siglos, cuando predominaba el catolicismo en Colombia, en la zona andina ocurrió un caso particular. Una comadre que sirvió de madrina a una niña de una familia campesina, por sus especiales dotes de belleza física, atrajo con sus encantos a su compadre. Este se enamoró locamente de ella, y no ahorraba lugar donde se encontraban solitarios, para solicitar que fuera su amante. No obstante, la comadre no accedía a las pretensiones de su compadre, primero porque era casada y respetaba a su marido, y segundo porque los mandatos de la Iglesia Católica prohibían a los compadres ser amantes, pues el diablo los podía convertir en un horrible monstruo. Pero como dice un viejo refrán que la gota vence la roca, un día la infortunada comadre resolvió aceptar la propuesta de su compadre y ambos se unieron en la cópula pasional. Cuanto terminaron el acto carnal, apareció un joven muy apuesto y bien vestido, montado en un hermoso caballo, lujosamente aperado, como no se había visto antes en la región. El joven los invitó a entrevistarse en horas de la noche en un lugar solitario, cerca del bosque, para presentarles algunos amigos, pero con la condición que llevaran la niña, ahijada de la comadre. Esa noche, los tres acudieron a la cita y el joven los esperaba mientras fumaba un grueso tabaco. De pronto, el apuesto galán se transformó en el mismísimo diablo y enfurecido, encendió con un mechón de fuego los tres humanos indefensos. Desde entonces, fueron convertidos en un tenebroso espíritu maligno, llamado la Candileja.
Cuenta la leyenda, que en las noches oscuras aparece sobre las montañas, formando una gran antorcha y como si de una nave voladora no identificada se tratara, sobrevuela las copas de los árboles y de cuando en cuando se parte en tres antorchas de menor tamaño, uniéndose luego para formar de nuevo la gran antorcha. Y cuando un par de compadres se enamoran, la Candileja aparece en la noche para advertirles el pecado que cometen.



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