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4/08/2013

El legado de Gaitán




Santiago Villarreal Cuéllar

El 10 de marzo de 1948, mientras sepultaban al jefe liberal Gabriel Turbay, con quien Jorge Eliecer Gaitán se enfrentó el 5 de mayo de 1946 en elecciones presidenciales que ganó Mariano Ospina Pérez, el rostro del caudillo del pueblo permanecía triste. Nunca imaginó que un mes después, el 9 de abril, él sería víctima de un sicario que le segó la vida. Pero a diferencia de la muerte de Turbay, que solo conmocionó unos pocos, la de Gaitán desató la más cruenta violencia civil a lo largo y ancho de Colombia, de la cual no hemos podido recuperarnos. Él mismo lo pronosticó en sus arengas al pueblo cuando dijo: “Si me canso, animadme, si me veis triste, consoladme, si retrocedo, empujadme y si me matan, vengadme.”

Desde la llegada del presidente Ospina Pérez al poder en 1946, la violencia política empezó a sentirse en diferentes regiones del país. Fue una violencia acompañada de un plan expansionista, de terratenientes que desplazaron campesinos para apoderarse de sus tierras y agrandar sus fundos. Violencia estimulada desde las altas esferas del poder, porque la Policía, relevada en su mayoría en los primeros dos años del gobierno conservador por hombres oriundos de Boyacá, conformaron las primeras legiones de “pájaros,” algo así como los para-militares de ahora. A sangre y fuego, desterraron familias de zonas estratégicas para usurpar sus bienes y entregarlos a los poderosos. Cualquier parecido con lo que ocurre hoy en zonas del Pacífico, Caquetá, Putumayo, Chocó y otras regiones del país, donde para-militares y bacrin, desplazan campesinos para despojarles sus tierras y entregarlas a poderosos sembradores de palma africana, puede ser pura coincidencia.

Esa violencia, desatada después de aquella tarde lluviosa del 9 de abril de 1948, es el legado dejado por un hombre que encarnó en su época la esperanza de un pueblo. Porque es bueno recordarlo, Gaitán fue un líder de pensamiento socialista, más o menos del mismo talante que Juan Domingo Perón de la Argentina, y Hugo Chávez de Venezuela. No era un marxista-leninista, pero tampoco fue un liberal en todo el sentido ideológico y mucho menos compartía la tesis del neo-liberalismo en lo económico, sistema que arruinó el país en la segunda mitad del siglo XIX, y que hoy nos está llevando al abismo. Si bien Gaitán abrazó las banderas del liberalismo en los años cuarenta, lo hizo solo como una estrategia para llegar al poder, a sabiendas que el bipartidismo en Colombia no era más que una manguala para repartirse las prebendas. Hoy continúa siendo igual, solo que no tenemos otro Gaitán.              

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